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(Aceprensa, 21 de febrero de 2007)
El alzheimer es hoy una de las dolencias
más temibles en edades avanzadas, y que exigen más de los cuidadores
del paciente. La ha estudiado a fondo el neurólogo José Masdeu Puche,
especialista en trastornos de la memoria y de la marcha, actual
director de Neurociencias de la Facultad de Medicina de la Universidad
de Navarra y director del Grupo de Investigación en Neuroimagen de la
Federación Mundial de Neurología. A sus 60 años, entre muchas otras
cosas, ha sido presidente de la American Society of Neuroimaging y
profesor y director del departamento de Neurología del New York Medical
College, con nombramientos adicionales de profesor en la New York
University School of Medicine y en el Albert Einstein College of
Medicine, ambos también en Nueva York.
- ¿Qué esperanza ofrece la medicación a los enfermos de alzheimer y
parkinson? ¿Estamos hablando de que, tras el tratamiento, el cerebro
del afectado se quedará tal y como esté o seguirá degenerando más
lentamente?
- En el caso del parkinson hay tratamientos que
permiten a la persona que tiene un temblor, lentitud de movimientos o
falta de equilibrio, mejorarlos. Hay pacientes que vienen con un
temblor importante, que no les permitía jugar al tenis y después del
tratamiento son capaces de jugar perfectamente. Esto no quiere decir
que con el tratamiento la degeneración de células en el cerebro esté
restablecida, sino que la sustancia producida por estas células es
introducida directamente al cerebro. Por poner un ejemplo, se trata de
algo parecido a la insulina en el caso de los diabéticos.
- Y hoy en día ¿es posible la implantación de células madre en un cerebro dañado?
- Esto ya se ha hecho. No con células madre sino con células fetales, y
los resultados fueron alteraciones peores que las que los enfermos
tenían con la enfermedad original. Han padecido importantes movimientos
anormales y han sido incapaces de funcionar como lo hacían antes de la
operación. Esto se hizo hace años, ahora no se hace.
- ¿Y en el futuro?
- Se están estudiando opciones más realistas, como la implantación de
células madre adultas procedentes del mismo paciente. En esta línea hay
datos alentadores, aunque en neurología todavía no tenemos terapias
celulares eficaces.
- Cuando un enfermo padece alzheimer, ¿cuál es la reacción en su familia?
- Yo veo dos formas de afrontar la situación. Si la noticia se recibe
como el anuncio de una enfermedad realmente costosa y molesta porque el
ser querido pierde la memoria, repetirá muchas veces lo mismo e incluso
habrá discusiones por lo que se ha dicho o no, entonces, el peso de la
enfermedad será realmente tremendo. Esto es comprensible, porque a
menudo la persona mayor ha sido el centro de la familia, ha dirigido a
los hijos, etcétera, y ahora no lo puede hacer y encima hay que estar
pendiente de ella. Si se le sigue tratando como si no tuviera una
enfermedad y se le exige que se siga comportando como lo hacía antes,
no le ayudamos, sino que la estamos frustrando. No es que no quiera
ocuparse de las cosas o que no preste atención y por eso se le olvidan:
es que no puede recordar.
- ¿Y en el caso de no tomárselo como una carga?
- Si se acepta esto como un hecho, se le ayuda en lo posible, en lo que
olvida, se le apoya y se le trata con cariño, incluso se disfruta de la
presencia de la persona mayor. Al no encontrarse frustrada, es a menudo
tan amable y cariñosa como si no tuviese la enfermedad. Pero se les ha
de entender y no frustrarles por no hacer cosas que ya no pueden hacer.
- ¿Cuál es la situación del enfermo?
- La parte positiva de esta tremenda enfermedad es que el paciente se
da muy poca cuenta de lo que está pasando, a menos que se le eche en
cara. En otras enfermedades, como con algunos tipos de cáncer, la
persona sufre dolores. Personas con una depresión sufren profundamente,
pero con alzheimer, sobre todo cuando la enfermedad está algo avanzada,
no perciben bien lo que está pasando. Incluso tienden a explicar como
normales las pérdidas de memoria. Es una especie de defensa natural.
- ¿Puede ser el cariño más importante incluso que las medicinas?
- En este momento, sí. Los tratamientos tienen un valor limitado. Hoy
es más importante cómo se trata al paciente que los tratamientos
médicos posibles. Si no se le trata bien actuará de forma paranoide, ya
que no entiende qué le sucede y, si ve que los de alrededor se enojan
con él, él también se enojará con los demás. Esto ocurre si no se
entiende la enfermedad. Si se asumen esas limitaciones y se quiere al
paciente, haciéndole caricias, etcétera, esa persona no va a sufrir y
la familia lo va a llevar mejor, a pesar de lo trágica que es la
enfermedad. Como se le da cariño a un niño y no se asume que tenga que
hacer un discurso sobre nada, sino que lo queremos como es y aceptamos
lo que hace.
- Si tratamos con cariño y de forma adecuada al paciente, ¿puede que la enfermedad vaya más lenta?
- Es difícil decirlo, podría ser. El estrés puede provocar la secreción
de sustancias en el cerebro que podrían acelerar la pérdida de neuronas
que conlleva esta enfermedad. Sin embargo, todavía no hay evidencia de
que sea así.
David Miranda Falces
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