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(La Razón, 5 de marzo de 2007)
Ocho años después de sufrir una parálisis cerebral que le mantiene
postrado en una silla de ruedas, José Carlos Carballo ha podido cumplir
una de sus mayores ilusiones, volar en un avión militar, «un sueño que
tengo desde que era pequeñito» y que no pudo cumplir al impedirle una
precoz diabetes hacer el servicio militar en la base aérea de Villanubla,
en su ciudad natal, Valladolid. Ahora, un puñado de militares, encabezados
por el coronel Javier Palacios, jefe del acuartelamiento vallisoletano,
sede del Ala 37 del Ejército del Aire, y el teniente coronel Nicolás
Murga, responsable de relaciones públicas de la Fuerza Aérea, han hecho
posible el bautismo de vuelo de Charlie, como todos le conocen
cariñosamente. «El ejemplo de Charlie es el de la superación y las ganas
de vivir, por eso hemos querido brindarle este pequeño homenaje, porque
todos los que estamos aquí compartimos sus valores», asegura Murga.
Su vida, truncada
Su mujer, Purificación, comparte el
sorprendente buen humor de este vallisoletano de 40 años que, apenas unas
semanas después de su boda, sufrió dos graves accidentes coronarios que
truncaron sus proyectos y aislaron su mente de su cuerpo, pero no
consiguieron acabar ni con su matrimonio ni con sus ganas de vivir.
Esbozando una sonrisa casi permanente, Charlie contesta a las preguntas
asintiendo o negando con la cabeza. Para expresarse, utiliza un lenguaje
por pestañeos que ella traduce rápidamente. Una serie de señales indican
las vocales y consonantes dependiendo de que cierre uno u otro ojo.
De esta forma, cuando no dispone del ordenador a través del cual se
expresa gracias a un programa que sintetiza en voz el texto escrito, puede
decir palabras sueltas que, unidas a ciertos gestos, su mujer es capaz de
traducir en frases y expresiones llenas de sentimientos y humanidad.
Cuando le preguntan cómo ha logrado superar todos los obstáculos en su
matrimonio, Purificación asegura que Charlie «sigue siendo el mismo, ya
tenía este buen humor, y yo le quiero a él como persona, no sólo a un
cuerpo».
Vestido de militar en su bautismo de vuelo, Charlie se
emociona ante la idea de subir a bordo del avión, un Casa CN 235 de la
base aérea de Getafe (Madrid). Rodeado de una multitud de cámaras, como si
de una estrella se tratase, sale del aparato tras sobrevolar Valladolid,
su barrio, su casa y la residencia donde vive y recibe todos los cuidados
que necesita. «Estoy en una nube, como las que acabamos de rozar en el
avión», dice entre lágrimas, unas lágrimas que no puede contener debido a
que tiene el tronco cerebral dañado, lo que aísla el cerebro del cuerpo y
le impide controlar las emociones. Su dolencia, el síndrome de cautiverio,
afecta a entre 4.000 y 8.000 personas en España, aunque es difícil
cuantificarla. «Es como estar encerrado en tu cuerpo. Tiene la mente
perfecta, ve y escucha como cualquiera, pero no puede moverse ni hablar.
Eso sí, siente todo, también las caricias, y cuando le pego también»,
bromea Puri, su esposa.
Ganas de vivir
Su
mujer, que no para de besarle y de secarle las lágrimas -«es que se
emociona mucho»,- asegura destaca su fuerza de voluntad: «Cuando le
dijimos que, para expresar todo lo que quería decir, no bastaba con sus
párpados, que tenía que manejar el ordenador, se propuso mover un dedo, y
estuvo más de un mes intentándolo, hasta que lo consiguió».
Ahora, Charlie es el «rey» de la red. Las nuevas tecnologías abren todo un
mundo de posibilidades a los grandes discapacitados. «Internet es medio
mundo, sin él no sé que haríamos». Charlie ha sido un ejemplo para muchos
discapacitados cuando han flaqueado sus fuerzas. Asegura tener muchas
ganas de vivir y muchas cosas por las que seguir adelante.
Una historia de superación y optimismo
Charlie aparece en la presentación del documental sobre su vida, en la
sede de la obra social de Caja España en Valladolid, rodeado de una gran
expectación. Viste zapatillas de marca, vaqueros y camisa «hippie». Lleva
un peinado tipo «hip-hop», rapado por abajo, con dos surcos a ambos lados.
Se le ve lleno de vida y de alegría, a pesar de su grave discapacidad, que
le obliga a alimentarse a base de líquidos o con una sonda y que apenas le
permite mover la cabeza y el brazo derecho. Su primer libro, «Síndrome de
cautiverio en zapatillas», llamó la atención del realizador Miguel
González Molina, que siempre había hecho ficción. «Contacté con Charlie
por correo electrónico y le apasionó la idea, se mostró muy entusiasmado y
aceptaron venir a Almería para preparar el documental». Allí, tras su
primer vuelo en avión después del accidente, Charlie pudo disfrutar del
mar. Así nació el documental «Verbos. La vida está hecha de frases», que
narra la historia de superación de Carballo, «su asombroso optimismo, su
espíritu de superación y el mundo de dificultades que rodea la vida diaria
de los grandes discapacitados», asegura Molina. «Sus verbos son sufrir,
aceptar, llorar, reír, comunicar». Durante la presentación del documental,
Charlie, que ha escrito su segundo libro, con el mismo título, confiesa
sentirse «desbordado». «No esperaba tanta expectación», asegura Puri que
lee sus párpados atentamente como si de un libro abierto se tratase.
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