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Los enfermos y los discapacitados merecen algo mejor que la eutanasia
 
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(La Gaceta de los Negocios, 5 de febrero de 2005 - José María Aresté). Lanzada con una inusitada maquinaria de promoción, Mar adentro apenas ha recaudado en Estados Unidos 300.000 dólares, frente a los 22 millones logrados por Darkness, de Jaume Balagueró, estrenada allí al mismo tiempo y sin tanta alharaca. También ha llegado a las pantallas Million Dollar Baby, de Clint Eastwood. En ella, como en Mar adentro, hay un personaje que desea morir. Pero más que esta semejanza destacan las diferencias, que juegan a favor de la película de Eastwood.

En los dos títulos tiene presencia la familia del que busca la muerte; en Mar adentro, su cariño debería ser un elemento disuasorio en la petición de la eutanasia, mientras que en Million Dollar Baby la actitud de rapiña de los supuestos seres queridos conduce a la pérdida del deseo de vivir. También hay un sacerdote en ambos filmes: el de Mar adentro es un personaje grotesco, ridiculizado con saña; Million Dollar Baby presenta un cura creíble, que expone su punto de vista mientras el que recibe su consejo le escucha con respeto. Y en la asistencia al suicidio, la cooperadora de Mar adentro no duda ni sufre demasiado a la hora de actuar, todo lo contrario que en Million Dollar Baby.
Lejos de mi afirmar que el filme de Eastwood sea un modelo de nitidez moral, pero, desde luego, no enarbola banderas pro eutanasia ni pretende elevar a ningún altar a los nuevos y descreídos santones laicos. Si algo pesa en Million Dollar Baby es el eterno fatalismo de Eastwood, la imposibilidad de hacer lo correcto, tal vez porque, desde su punto de vista, no existe ese algo correcto. Pero el modo en que se presenta una situación compleja, sin didactismos facilones ni sentimentalismo barato, evitando juzgar a las personas, se revela un completo acierto. Esto lo entiende el público, que lo refleja en la taquilla, sobre todo cuando no está condicionado por un caso real ocurrido en el propio país, y que logró conmocionar a la muy a menudo maleable opinión pública.
 
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