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Los enfermos y los discapacitados merecen algo mejor que la eutanasia
 
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El Colegio de Médicos apoya al Hospital de Leganés ante las denuncias de eutanasia PDF Imprimir E-Mail

(ABC, 13 de marzo de 2005). «La denuncia no tenía ni pies ni cabeza», dice Miguel Casares, presidente del comité que supervisó los motivos que llevaron la hospital a tener altas tasas de mortalidad.

Tanto las diligencias abiertas por la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Madrid como la inspección que ha ordenado la Comunidad tras recibir la denuncia de la muerte de entre 17 y 43 pacientes terminales en el servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés a causa de la sedación recibida, tienen un precedente hace tan sólo dos años. En 2003, la consejería de Salud del Gobierno regional y un Comité de Ética del Hospital de Getafe analizaron otras denuncias sobre las acruaciones del coordinador del Servicio, Luis Montes. La conclusión fue clara: «No se encontraron indicios de mala praxis en la sedación», aseguran desde el departamento de Salud.

Pese a que los servicios de Inspección de la Comunidad investigan los hechos, ya que la denuncia se refiere a la muerte de hasta 400 pacientes, la presidenta del Colegio de Médicos de Madrid, Juliana Fariña, respaldó ayer la labor de Montes. «En ningún caso se trata de eutanasia», afirmó a Efe, tras explicar el procedimiento seguido por el equipo de Urgencias del Severo Ochoa para llevar a cabo esta práctica, «siempre con el consentimiento informado de las familias». Las sedaciones paliativas a pacientes oncológicos terminales en el servicio de urgencias del hospital Severo Ochoa de Leganés fueron avaladas por un comité ético del hospital universitario de Getafe.

Ante este órgano se presentó, en septiembre de 2003, un estudio de cuarenta pacientes terminales a los que se les había aplicado ese tratamiento. El objetivo era proporcionar una muerte digna y sin sufrimiento a enfermos agónicos con dolores extremos y ahogos, en su mayoría con tumores generalizados, mayores de 80 años y una esperanza de vida de cuatro días.

La presidenta de los médicos madrileños señaló que, normalmente, los enfermos terminales son enviados a sus casas para morir, cuando ya no existe ninguna solución médica que pueda mejorar su situación. Pero en lugar de remitirlos a sus hogares, el centro de Leganés propuso aliviar sus dolores generalizados y evitar los ahogos agónicos con la sedación, una práctica «avalada internacionalmente», según Fariñas. Se trata de evitar que los enfermos «mueran dando gritos de dolor, por lo que la familia no sólo consiente el tratamiento sino que normalmente lo solicita», afirmó. Fariñas aseguró que el servicio de Urgencias del centro de Leganés actuó como un servicio de cuidados paliativos para garantizar una muerte digna y sin sufrimiento.

El presidente del Comité de Ética del Hospital de Getafe, Miguel Casares, que a la vez es presidente de la Comisión Deontológica del Colegio de Médicos madrileño, añadió que la consulta, realizada en septiembre de 2003, se produjo después de recibir «algunas protestas de profesionales» del centro de Leganés sobre la sedación. Tras cuatro reuniones y tres meses de trabajos, el comité emitió un informe que concluía que la sedación terminal a pacientes en situación agónica es una práctica perfectamente admitida desde el punto de vista técnico y un tratamiento médico adecuado y ético, que se realiza en todas las unidades de cuidados paliativos y, en los hospitales donde no existen, como en el Severo Ochoa, las efectúan otros profesionales. Es más, las denuncias «no tenían ni pies ni cabeza», dijo Casares.

Consentimiento de las familias

Según Casares, el protocolo diseñado en el hospital de Leganés «era correcto porque se informaba a la familia suficientemente, se tenía el consentimiento informado y se realizaba la sedación para resolver la angustia, la agonía, la disnea, el dolor..., en una situación en la que ya no hay esperanza porque se tiene una enfermedad mortal en hora o en días».

A estos hechos se refirió también el jefe del Servicio de Anestesia del Hospital de Leganés, Joaquín Insausti, quien explicó que para llevar a cabo el protocolo de sedación se tiene que contar con el visto bueno no sólo de un médico, sino de dos. El presidente del comité ético explicó que en estos casos extremos -enfermos que llegan a urgencias en situación caquéctica (atrofia general del organismo) con metástasis generalizadas, edades superiores a 80 años y muy deteriorados- sólo se puede optar por la sedación, que se aplica normalmente en la unidad de cuidados paliativos. Pero si ésta no existe en el hospital y el paciente llega a urgencias, «¿qué haces? -dice Casares- ¿Lo mandas a casa a morir ahogándose? Eso es inhumano, tienes que atenderle y sólo hay un tratamiento».

 
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