(La Razón, 27 de marzo de 2005) Carta al Director, de Pedro Iglesias (Barcelona) opinando sobre la actitud del marido de la enferma.
El Sr. Michael Schiavo en calidad de tutor legal de su esposa Terri Schiavo, en estado comatoso desde hace 15 años, continúa apelando, como viene haciéndolo desde 1998, ante los tribunales de justicia estadounidenses, para que se retire la alimentación e hidratación asistida a su mujer y pueda tener una muerte digna. Ésta sería la lectura escueta de la noticia. Podría incluso parecer loable esta actitud de un esposo, preocupado y angustiado por su consorte agonizante, que solicita la «eutanasia» en un acto caritativo. Aunque quizás sea conveniente el recordar que el Sr. Michael Schiavo no ha permitido nunca que su esposa fuese evaluada neurológicamente. Una noche de invierno de 1990 Terri se desmayó, presumiblemente por una baja de potasio que le produjo un paro cardiaco y subsiguientes daños en el cerebro. Michael demandó a la clínica que supervisaba la dieta de adelgazamiento a la que estaba sometida su esposa. A eso se debió, aparentemente, la bajada de potasio. A finales de 1997 Michael ganó varias indemnizaciones que sumaron 2,2 millones de dólares. Para entonces ya vivía con la mujer con la que todavía comparte su vida y tiene dos hijos. A comienzos de 1998 pidió a los médicos que no administraran antibióticos a Terri y poco después comunicó a los suegros su intención de retirarle las sondas, aduciendo que ella así se lo había pedido antes de caer en estado vegetativo. Resulta que Terri no presenta un estado comatoso, ni está agonizante, como hemos podido ver por los medios de comunicación, sino que tiene una parálisis cerebral que requiere unos cuidados y atenciones que el marido no está dispuesto a dispensar, dadas sus otras ocupaciones. Con esta enferma no se utilizan medios desproporcionados, no se produce un encarnizamiento terapéutico para mantenerla con vida, simplemente. Terri no puede alimentarse por sí sola, de forma que si se le retira la asistencia de alimentos y agua, morirá. Terri no fallecerá a consecuencia de su parálisis cerebral sino porque una nueva causa mortal ha sido introducida, la privación deliberada de alimentos y agua, que en castellano vulgar se dice matarla de hambre y de sed. Una muerte dignísima. En una cultura, que adora y sirve como sus ídolos el tener, el poder y el placer, no pueden sentirse en casa el dolor y el sufrimiento de los enfermos o moribundos. Son un problema. El Sr. Michael no termina, al negar la alimentación a su esposa, con su «vida indigna» ni con los problemas de Terri, sino que acaba con Terri asesinándola. |