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(Aceprensa, 14 de febrero de 2007)
"Francia está construyendo paso a paso una
política de salud que flirtea cada vez más con la eugenesia", advierte
Didier Sicard, presidente del Comité Consultivo Nacional de Ética, en
declaraciones a "Le Monde" (3-02-2007). Sicard se manifiesta
"profundamente inquieto" ante un despistaje casi sistemático en los
embarazos para descubrir discapacidades del feto, con una lógica de
"erradicación".
"La verdad
central es que lo esencial de la actividad del diagnóstico prenatal va
dirigido a la supresión y no al tratamiento. Así, ese despistaje remite
a una perspectiva terrible: la de la erradicación. Y eso ocurre quizá
más en Francia que en otros países", afirma Sicard, ex jefe del
servicio de medicina interna del hospital Cochin, de París.
El
aborto del discapacitado no se impone, pero la no aceptación de la
propuesta lleva aparejada una sanción social. Como ejemplo
paradigmático pone de relieve lo que está ocurriendo con el diagnóstico
prenatal de la trisomía 21 (síndrome de Down) y la trisomía 18. "Parece
-dice Sicard- como si en un momento dado la ciencia hubiera concedido a
la sociedad el derecho a establecer que la venida al mundo de ciertos
niños fuera colectivamente no deseada, no deseable. Y los padres que
deseasen el nacimiento de estos niños debieran exponerse, además del
sufrimiento asociado a este hándicap, a la mirada de la comunidad y a
una forma de crueldad social que nace del hecho de no haber aceptado la
propuesta hecha por la ciencia y reconocida por la ley". En Francia, el
despistaje de la trisomía se hace, gratuitamente, en casi todos los
embarazos.
El diagnóstico prenatal, como toda técnica, tiende a
desarrollarse cuantitativa y cualitativamente, y "no estamos más que al
comienzo de las posibilidades de despistaje de las afecciones
genéticas", advierte Sicard. También señala que se intenta evitar todo
debate sobre el particular: "Firmas particularmente agresivas, en
términos de "dumping" y de "marketing", que no dudan en presentarse
como realizadoras del bien público, califican de irresponsables a los
que intentan debatir de manera crítica estas cuestiones".
Sicard
señala tres motivos por los que esta mentalidad se ha desarrollado
notablemente en Francia. "El primero es que estos despistajes son
ideológicamente percibidos como un avance científico, de la
Ilustración, de la Razón. (...) El segundo es la gran accesibilidad de
estas técnicas. El tercero es de alguna manera la consecuencia de los
dos primeros: el tremendo déficit en la acogida de las personas
discapacitadas".
Sicard se atreve incluso a hacer comparaciones
que traen a la memoria precedentes incómodos: "Estoy persuadido de que
si Francia hubiera afrontado, con ocasión de un régimen nazi, prácticas
eugenésicas similares [a las que se dieron en Alemania], hoy le
repugnaría adentrarse por una pendiente particularmente peligrosa. En
el siglo XXI, que se pueda considerar inaceptable el nacimiento de
hijos hemofílicos, como consecuencia del progreso científico, es
chocante. Es a la vez una locura y una irresponsabilidad".
Al
mismo tiempo, Sicard dice que "puede comprender, en el estado actual de
la legislación y de las prácticas francesas, ciertas decisiones de las
familias afectadas por su sufrimiento y el de sus hijos".
"Profundamente inquieto"
El presidente del máximo órgano consultivo para cuestiones éticas
reconoce que está "profundamente inquieto ante el carácter sistemático
de los despistajes, ante un sistema de pensamiento único, ante el hecho
de que todo esto se considere ya como un logro".
"El despistaje
reduce a la persona a una característica", que se desea evitar. "No
estamos ya muy lejos -pronostica Sicard- del callejón sin salida por
los que [la humanidad] se adentró a finales del siglo XIX para hacer
decir a la ciencia quién podría vivir y quién no. Pero la historia ha
mostrado ampliamente a dónde pueden conducir los intentos de exclusión
social de grupos humanos sobre la base de criterios culturales,
biológicos, étnicos".
En Francia existen 206 laboratorios
autorizados para hacer diagnóstico prenatal y 3 dedicados al
diagnóstico preimplantatorio de embriones concebidos por fecundación
"in vitro". Según datos que acaba de publicar la Agencia de Biomedicina
(cfr. "Le Monde" 3-02-2007), en 2004 se realizaron 91.500 análisis de
patrimonios genéticos de fetos. Estos análisis permitieron detectar
4.370 anomalías cromosómicas, de las que un 41% correspondían a la
trisomía 21. En lo que se refiere al síndrome de Down, la prueba para
detectar factores de riesgos se aplicó a 627.000 embarazadas. A partir
de los resultados de esos análisis se realizaron 36.000 diagnósticos
prenatales por amniocentesis.
En 2004 se realizaron 6.000
abortos por "razones médicas", una cifra que permanece estable desde
2002. En el 50% de los casos se debieron a diagnósticos de
malformaciones del feto, y en más del 30% a anomalías cromosómicas.
Un estudio sobre los casos de síndrome de Down en la región de París
pone de relieve que, como media, solo el 5,5% de las mujeres que saben
que esperan un hijo con síndrome de Down deciden llevar a término su
embarazo.
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