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La Gaceta de los Negocios, 3 de marzo de 2007
Madrid. Inmaculada Echevarría, la
mujer que padece una distrofia muscular progresiva, será desconectada
por sus cuidadores. La mujer, de 51 años y que solicitó que le
retiraran la ventilación mecánica que le mantiene con vida, “seguirá
siendo atendida en el Hospital San Rafael”, como expresó ayer el propio
centro a través de un comunicado.
Las direcciones del
Hospital Universitario San Cecilio y del Hospital San Rafael de Granada
se reunieron el viernes, un día después de que se conociera el dictamen
del último informe del Consejo Consultivo de Andalucía, y tras conocer
que el Gobierno andaluz no va a solicitar más informes jurídicos ni
médicos. Este órgano dejó las manos libres a los médicos, al
garantizarles que no habrá castigo penal por retirar el respirador de
la paciente.
El visto bueno legal se sumó a las últimas resoluciones de los comites
éticos, que dejaban vía libre a la voluntad de la enferma. Una vez
concluido el análisis ético y jurídico del caso, “las actuaciones que
se lleven a cabo a partir de ahora por los profesionales sanitarios a
cargo de la paciente deben encuadrarse en el más estricto marco de la
confidencialidad y privacidad que corresponden a la relación entre
médico y paciente”, señala el hospital en un comunicado.
La nota difundida ayer despejó la duda de dónde pasaría la enferma sus
últimas horas. El Hospital de San Rafael pertenece a la orden religiosa
de San Juan de Dios, por lo que la propia paciente había manifestado su
preo-cupación de que no se accediera a su voluntad de ser desconectada
de la máquina. No obstante, la consejera de Salud de la Junta de
Andalucía, María Jesús Montero, aseguró el jueves que era poco probable
que el propio centro o los médicos que la tratan presentaran alguna
objeción al dictamen del Consejo Consultivo.
Las direcciones de ambos hospitales solicitaron en el comunicado “el
máximo respeto a la dignidad e intimidad” de Inmaculada, como respuesta
a la “repercusión social” que ha despertado el caso de la mujer como
medio para reabrir el debate sobre la eutanasia.
No es eutanasia
Para algunos expertos de diversos campos, no obstante, este caso no
guarda ninguna relación con el suicidio asistido. Para el catedrático
de Filosofía del Derecho Andrés Ollero Tassara, “se trata de un
consentimiento informado para dejar de recibir una respiración
asistida, conociendo las consecuencias, y estando en condiciones
jurídicas de emitir esa declaración de voluntad”.
El profesor equipara el caso de Inmaculada con la negativa de los
Testigos de Jehová a recibir transfusiones de sangre, pero insiste en
que “no tiene nada que ver con la eutanasia”.
“En este tipo de polémicas se juega con las palabras y es obvio que hay
intentos de crear estados de opinión con casos que no tienen nada que
ver con la penalización o despenalización de la eutanasia”, señala. Y
recuerda que la doctrina jurídica de nuestro país y del Tribunal
Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo no ofrece ninguna duda sobre
la ilegalidad de la eutanasia.
La dirección del centro, en el que la paciente ha permanecido ingresada
los últimos 10 años, se negó a comentar cualquier aspecto relacionado
con el momento señalado para la desconexión.
El profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense, José Miguel Serrano Ruiz-Calderón, con respecto al dictamen del Consejo Consultivo andaluz que avala la petición dela paciente de ser desconetada del respirador que la mantiene con vida, considera que el Consejo "ha entendido que se trata de un caso vinculado al consentimiento informado de una paciente en relación con un medio terapéutico que ella no desea". Serrano considera que, al igual que una persona podría negarse a que se le colocara el resporador, Inmaculada puede pedir su retirada, "siempre que se garantice la voluntariedad y consciencia de esa petición", concluyó.
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