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(Aceprensa, 21 de febrero de 2007)
Aunque este artículo refleja sobre todo casos relacionados con el inicio de la vida, las mismas ideas se repiten frecuentemente alrededor en situaciones relacionadas con la eutanasia.
Las informaciones biomédicas ocupan un
puesto cada vez más relevante en la prensa. Pero al tratarse muchas
veces de cuestiones éticas controvertidas, la línea ideológica de los
medios influye no solo en los editoriales, sino en la misma selección y
hasta ocultamiento de ciertos datos. El jurista Vicente Bellver,
profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Valencia, lo
pone de relive en un capítulo de su libro "Por una bioética razonable ",
publicado por la editorial Comares, del que seleccionamos algunas
páginas (1).
Es inevitable, y
lógico, que la línea editorial de los periódicos tenga una enorme
influencia en la orientación de las informaciones políticas. En el
campo de la biomedicina también es muy visible el peso de la línea
editorial. Cuando el diario no tiene opinión sobre una cuestión
biomédica en particular, se limita a informar acerca de ella sin más.
Pero cuando la tiene, ésta se pone de manifiesto no sólo en las
secciones de opinión sino también en el tratamiento de las noticias: en
los titulares, en la selección de las personas a las que se pide la
opinión y en el distinto tratamiento que reciben esas opiniones, en los
artículos de opinión publicados, e incluso en los contenidos de los que
se informa y la orientación con que son presentados. Con ejemplos se
entenderá mejor.
De los titulares a la opinión
a) Titulares. Comparemos dos de ellos:
"Científicos coreanos logran clonar embriones humanos con fines médicos" ("El País").
"Científicos coreanos crean embriones humanos para extraer células madre" ("ABC").
(...) El titular de ABC es poco preciso porque utiliza el verbo "crear" y
no menciona la novedad del hecho, que es la creación mediante
clonación. Pero sí acierta al señalar que lo han hecho para obtener
células madre. Por el contrario, la inexactitud del diario "El País" se
encuentra en la referencia a los "fines médicos", que constituye una
finalidad subjetiva (¿por qué fines médicos y no científicos,
experimentales, económicos o cualesquiera otro que se pueda imaginar?),
y en todo caso incierta por su lejanía en el tiempo. En este caso, "El
País" dejó que su línea editorial influyera indebidamente en el titular.
b) Selección de expertos y tratamiento de las opiniones consultadas. El
día del anuncio de la primera clonación de embriones, bajo el titular
"¿Hito histórico o irresponsabilidad moral?" "El Mundo" recogía
posiciones favorables y contrarias. "El País" del día siguiente
(14-02-2004) sólo se hacía eco de una posición contraria, la de la
Conferencia Episcopal Española bajo el titular "Los obispos tachan de
criminal la clonación, incluso la terapéutica"; y la acompañaba de un
comentario con un título que habla por sí mismo: "Miedo a la ciencia".
c) Artículos de opinión publicados. El día del anuncio de la clonación
de embriones humanos tanto "El País" como "El Mundo" incluyeron un
artículo de la misma persona, Bernat Soria, estandarte de la lucha en
España por la utilización de las células madre embrionarias en la
investigación, en contra de uno de los usos más extendidos de la
prensa. Todos los artículos de opinión publicados por ambos periódicos
en esos días fueron absolutamente favorables al experimento a pesar de
que se trataba de una cuestión notablemente controvertida. Al silenciar
las posiciones opuestas o cautelosas con la clonación se consigue
desacreditarlas porque da la impresión de que carecen de argumentos
para sustentar su posición (...).
Beligerancia informativa
d) Contenidos y orientación de las informaciones. La línea editorial
influye también en los contenidos seleccionados. Así, por ejemplo, los
diarios favorables a la regulación de la clonación experimental de
embriones humanos han tendido a minimizar los resultados científicos e
incluso terapéuticos de las células madre procedentes de adulto y a
destacar sus riesgos. Por el contrario, apenas se han hecho eco de las
importantes dificultades científicas y problemas éticos que suscita la
clonación de embriones. En algunos casos, la beligerancia en una
posición ideológica ha rayado en la propaganda. Por ejemplo, el diario
"El País" publicó entre 2000 y 2005 cinco editoriales con los
siguientes títulos: "Clonación curativa" (9-04-2000), "Clonar para
curar" (en tres fechas distintas: 5-08-2001, 7-11-2003, 12-08-2004) y
"Clonación terapéutica" (13-02-2004).
(...) La clonación no es una
acción que tenga efecto terapéutico alguno. Con este adjetivo se
pretende neutralizar el rechazo que inicialmente suscita la creación de
vida humana con fines estrictamente utilitarios de carácter
experimental. Quizá porque eran conscientes de que el adjetivo
"terapéutico" aplicado a la clonación va más allá de la simple
descripción de un hecho científico para incorporar una valoración ética
(y falsa) tanto "The New York Times" como "The Washington Post"
utilizaron con mucha cautela o no utilizaron el término "clonación
terapéutica" al dar la información sobre el anuncio coreano de la
clonación de embriones humanos (...).
El entusiasmo tecnocientífico
(...) A la vieja devoción de la Ilustración por la ciencia se une ahora
el ansia por convertir al ser humano en una obra de sus propias manos.
La medicina rompe con su modesta misión de curar y prevenir
enfermedades, y se convierte en un instrumento para que el ser humano
se configure a su antojo. Las técnicas de reproducción asistida dejan
de verse como un medio para superar la infertilidad de una pareja, y se
convierten en un modo alternativo de reproducción humana. Los
psicofármacos no sólo combaten enfermedades psiquiátricas sino que nos
proporcionan las características anímicas que deseamos.
La
cirugía se desarrolla principalmente como cirugía estética, y pone en
nuestras manos la posibilidad de configurarnos físicamente a nuestro
gusto. La medicina deportiva no se limita a atender los problemas de
personas sujetas a una actividad física de excepción sino que procura
los medios para incrementar el rendimiento físico más allá de lo que el
organismo podría alcanzar con el esfuerzo personal. Estas áreas médicas
-reproducción, psiquiatría, cirugía estética y medicina del deporte-
están entre las especialidades que han tenido un mayor desarrollo en la
medicina privada, proporcionan ganancias que ni se pueden soñar en la
sanidad pública, y constituyen el núcleo de la llamada medicina del
deseo.
(...) Llama la atención el entusiasmo con que se tratan las
tecnologías reproductivas en la prensa y el escaso interés que se ha
prestado a los efectos negativos que ocasionan sobre las mujeres y los
niños creados mediante ellas. Algunas de estas técnicas se han
desarrollado utilizando a las usuarias de las mismas como objetos de
experimentación y, sin embargo, los medios no se han hecho eco de ello.
Apenas ha trascendido la subrepticia selección eugenésica que se lleva
a cabo en algunas de las clínicas dedicadas a estas técnicas,
particularmente en la costa occidental de los Estados Unidos. Ni
tampoco que esa es la dirección hacia la que miran de forma
generalizada este tipo de clínicas: no persiguen la producción de una
raza mejor pero sí satisfacer los deseos de los futuros padres con
respecto a sus hijos. Es la ideología de la eugenesia liberal.
De genio a estafador
Así como el anuncio de la primera clonación de embriones humanos fue
acompañado de un espectacular despliegue informativo, ninguna de las
informaciones posteriores acerca de las irregularidades éticas en las
que el grupo coreano podía haber incurrido tuvo un reflejo ni siquiera
lejanamente comparable en los medios de comunicación (...).
Sólo
cuando todas las informaciones acerca de las irregularidades éticas,
lejos de desmentirse, se fueron ratificando y Woo Suk Hwang se vio
obligado a dimitir, empezó a considerarse desde el gobierno coreano la
necesidad de emprender una investigación acerca de las condiciones
éticas en las que se habían desarrollado los experimentos sobre
clonación. Finalmente se descubrió que toda la investigación de Woo Suk
Hwang sobre clonación de embriones humanos era un fraude mayúsculo. Los
medios de comunicación se centraron en denunciar la irresponsabilidad
del investigador coreano y en destacar el daño que esos comportamientos
causan a la credibilidad de la ciencia. Pero ninguno de ellos reconoció
haber actuado imprudentemente en este asunto, a pesar de que fueron los
medios quienes habrían convertido al doctor Hwang, de la noche a la
mañana, en el primer gran científico del siglo XXI.
(...) Otra
manifestación del entusiasmo biomédico del que participan los medios de
comunicación es su complicidad con otros agentes interesados -empresas
farmacéuticas, centros de investigación, asociaciones de pacientes,
etc.- por medicalizar la vida humana. Las compañías farmacéuticas
"necesitan" ampliar continuamente sus mercados y una de las estrategias
consiste en convertir cualquier circunstancia de la persona en una
enfermedad.
Un medio eficaz para lograrlo consiste en dirigirse
a los medios de comunicación con historias diseñadas para crear miedo
sobre una determinada condición o enfermedad y para captar la atención
sobre el tratamiento más reciente. (...) Los procesos o limitaciones
ordinarias de la vida se transforman en problemas médicos (p. ej. la
calvicie); algunos síntomas leves, en enfermedades serias (p. ej. el
síndrome del colon irritable); los problemas personales o sociales, en
problemas médicos (p. ej. la fobia social o la timidez); los riesgos,
en enfermedades (p. ej. la osteoporosis); y la prevalencia de una
enfermedad se estima muy por encima para maximizar la extensión de una
enfermedad (p. ej. la disfunción eréctil).
La religión, enemiga del progreso
Cuando se informa sobre algún experimento o aplicación biotecnológica
controvertida desde el punto de vista ético, los medios suelen ofrecer
un escenario simplista de la polémica. De un lado, la posición
progresista representada por la clase científica y por quienes la
apoyan incondicionalmente; de otro, la conservadora, que puede llegar a
ser calificada como retrógrada, a cuya cabeza se situará casi siempre a
la religión y, en particular, a la Iglesia Católica.
La
presentación de la información en estos términos facilita tomas de
posición extremas, en las que no hay espacio para plantearse los muchos
y complejos problemas que generalmente están implicados. Pero tiene la
enorme ventaja de facilitar esas tomas de posición y de alimentar la
intensidad, que no la calidad, de los debates.
A pesar de lo
extendido que está el estereotipo, vincular la religión con el rechazo
al progreso científico es un error evidente. Si fuera cierto, la
oposición de la religión no se reservaría a ciertas actividades
científico-técnicas sino a todas ellas, lo que evidentemente no sucede.
Es interesante observar el distinto tratamiento que dan los medios a
las actitudes contrarias a ciertos desarrollos tecnológicos dependiendo
de su procedencia. Si se plantean desde una posición religiosa católica
suelen ser enjuiciadas con mucha dureza. Si, en cambio, provienen de
otro tipo de grupos de presión -asociaciones ciudadanas, minorías
culturales o raciales, ONGs, etc.- entonces reciben un tratamiento más
benévolo. Por ejemplo, la oposición a la creación de embriones humanos
con fines de investigación en los Estados Unidos se ha vinculado a
posiciones religiosas retrógradas, tratando de "olvidar" a los grupos
feministas, "pro-choice" y liberales que han coincidido en esta
posición.
Neutralizar una voz
(...) Para neutralizar la voz de las religiones -en particular la de la
Iglesia Católica- ya he señalado que es frecuente aislar sus posiciones
como si fueran sostenidas exclusivamente por ellas, e incluso subrayar
las discrepancias que existen en su seno para concluir que ciertas
posiciones sólo son compartidas por los sectores más conservadores. Por
ejemplo, en el caso de la primera clonación de embriones humanos se
presentó el rechazo a la misma como una posición sostenida únicamente
por los sectores más conservadores tanto de la Iglesia Católica como de
las confesiones protestantes.
Con el objeto de desacreditar las
posiciones religiosas se puede llegar incluso a importantes faltas de
rigor. En el diario "El País", se eligió como titular de una entrevista
con Bernat Soria el siguiente: "Impedir un tratamiento por razones
religiosas es una forma de integrismo" ("El País", 27-06-2002). Desde
el punto de vista formal, el titular no admite reproche porque recoge
textualmente una declaración del entrevistado. Desde el punto de vista
material, contiene un grave error porque la investigación sobre la que
se habla de ninguna manera puede ser calificada como tratamiento.
Entonces, ¿tiene sentido poner como titular de una entrevista una
falsedad tan patente? No, salvo que se pretenda desacreditar al
entrevistado o engañar al lector haciéndole creer que algunas
confesiones religiosas tratan de impedir a los pacientes el acceso a
remedios terapéuticos (...).
La seducción del sensacionalismo
(...) Los diarios necesitan de las novedades para hacer con ellas las
noticias. En la actualidad, esa necesidad de lo nuevo y lo novedoso se
ve reforzada por tres ingredientes, que conforman la receta del
sensacionalismo (...).
a) La reducción del tiempo al instante.
(...) Las noticias no se hacen eco de los años de trabajo, y de los
fracasos, que preceden a cada investigación exitosa. En las
informaciones de la prensa sobre nuevos medicamentos se ha identificado
la presencia de un modelo de actuación consistente en la "pronta
idealización y la inmediata condena": cuando los nuevos productos
irrumpen en la escena pública se destacan sus efectos positivos y se
minimizan los negativos, aunque éstos sean conocidos tanto por los
científicos como por los propios medios.
Si en el futuro el
producto no cumple con las expectativas sociales generadas, entonces es
objeto de una condena fulminante y ya no se vuelve a hablar de él,
aunque existan nuevas y esperanzadoras investigaciones sobre el mismo.
En la misma línea, los avances en las investigaciones encaminadas a
combatir enfermedades mortales que asolan a la humanidad, como el
cáncer, frecuentemente se presentan como si ya constituyeran el paso
inmediato para las curaciones, aunque se sepa que no es así. ¿Cuántas
veces se ha anunciado en la prensa la victoria definitiva sobre el
cáncer? Lo mismo está sucediendo en la actualidad con las células
troncales.
Este fenómeno de "idealización inmediata" aporta
importantes beneficios a casi todas las partes implicadas. Los
periódicos consiguen vender más al incorporar unos titulares tan
atractivos para el lector; los grupos de investigación que respaldan
esos anuncios alcanzan, momentáneamente al menos, notoriedad y, con
ella, quizá el incremento de los fondos para la investigación; los
colectivos de pacientes afectados refuerzan su esperanza en una próxima
curación; incluso los poderes públicos pueden presumir de los éxitos
que van alcanzando los equipos nacionales de investigación (así ha
sucedido, por ejemplo, con el investigador coreano Woo Suk Hwang).
Pero los daños que causa este modo de proceder no son desdeñables: se
crean expectativas entre los colectivos afectados y en la sociedad en
general que van a quedar defraudadas; se llegan a adoptar políticas de
financiación públicas o privadas ineficientes o incluso completamente
equivocadas por influjo de unas informaciones que no dan cuenta precisa
del estado de la ciencia (...).
La personalización de las historias
b) La fascinación por lo cuantitativo y lo extraordinario. (...) Los
titulares de la prensa recurren mucho a los números porque saben de su
apariencia de neutralidad y de la atracción que ejercen sobre los
lectores. Ante una misma información es más frecuente que el titular
sea del tipo "el consumo de tabaco crece en un 50% entre los jóvenes en
los tres últimos años" que del tipo "el consumo de tabaco en los
jóvenes se dispara por el influjo de la publicidad". Parece que el
primero sólo ofrezca información objetiva mientras que el segundo
contenga elementos apreciativos más subjetivos.
(...) Existe una
tendencia muy acusada a ofrecer informaciones poco ponderadas, en las
que se sobrevalore lo positivo o lo negativo. Se presume que las
historias que presentan una realidad compleja, con respecto a las
cuales no cabe hacer un juicio aprobatorio o desaprobatorio sencillo,
carecen de interés periodístico (...).
c) La curiosidad pública
por las historias personales. Las historias personales son de las que
más atraen la atención del público sobre las cuestiones biomédicas. (...)
La personalización de las historias biomédicas admite diversas
fórmulas. La más obvia consiste en narrar la historia de una persona en
particular. La familia Nash será recordada por el impacto que tuvo en
los medios la selección embrionaria que llevaron a cabo para obtener un
hijo que pudiera ser donante de médula ósea para otro hijo ya nacido
que padecía anemia de Falconi.
(...) Más que la envergadura es
la proximidad la que hace más atractiva la información al lector. Así,
aunque ciertas informaciones tengan una enorme trascendencia por su
gravedad o por afectar a muchas personas, si se trata de historias con
las que resulta más difícil sentirse identificado, su presencia en los
medios de comunicación suele ser mucho menor. Así sucede, por ejemplo,
con la extensión de enfermedades endémicas en los países menos
desarrollados, con los distintos estándares de protección con que se
realizan muchas experimentaciones con seres humanos en esos países, o
con la escasez de recursos destinados a combatir los problemas de salud
del Tercer Mundo. (...).
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(1)
Vicente Bellver Capella. "Por una bioética razonable. Medios de
comunicación, comités de ética y Derecho". Comares. Granada (2006). 298
págs. 24 €.
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