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(Alfa y Omega, 9 de noviembre de 2006)
En
nuestra sociedad, la muerte es un tabú; sin embargo, especialmente
en la unidad de cuidados paliativos es una realidad que está
muy presente. Tratamos a los pacientes con cáncer que están
en la fase final de su vida. Ésta es una fase dura para el
paciente y para la familia, y lo que intentamos es que tengan la mejor
calidad de vida y el menor sufrimiento posible. Ése es el objetivo
del tratamiento y de todos los cuidados que se brindan en esta unidad,
aunque nosotros sólo somos un factor más -que se
centra en tratar determinados síntomas y que ayuda en la medida
de lo posible-; en el proceso influyen también muchos
factores como la familia, el entorno de amigos, las creencias, o la
personalidad del paciente.
A veces
se relaciona la idea de cuidados paliativos con la idea de ayudar
a morir; sin embargo, para mí, no es ayudar a morir, sino ayudar
a vivir el final de la vida, porque uno está vivo y es persona
hasta que muere. Tradicionalmente, cuando una enfermedad ya no se
podía curar se solía decir la típica frase de
"Ya no se puede hacer más"; pero esto es un error,
porque el hecho de que no podamos curar no significa que ya no podamos
hacer más; hay muchas cosas que se pueden hacer para que el
paciente viva lo mejor posible lo que le queda de vida. En este sentido,
es muy importante el factor humano, no sólo el papel de médico
que observa síntomas, sino también el de estar al lado
del paciente y mostrarse disponible para que haya una comunicación
constante y que éste encuentre respuestas a sus dudas.
No
se puede generalizar, porque la muerte es un proceso muy personal,
pero creo, por lo que he visto en algunos pacientes, que la fe aporta
una cierta serenidad y paz a la hora de afrontarla. En este sentido,
me impactó el caso de una joven, creyente; era dinámica
e independiente, pero tuvo un deterioro muy importante, a raíz
de su enfermedad. Se quedó tan débil que apenas podía
hacer nada; sin embargo, impresionaba la fuerza con la que mantuvo,
mientras le fue posible, su ritmo de vida. El desgaste físico
de esta chica, que había asumido su enfermedad y la proximidad
de su muerte, contrastaba con la paz, la serenidad y la alegría
que transmitió hasta el final.
La
persona es siempre la misma y tiene la misma dignidad, sana, enferma
o a las puertas de la muerte. Lo que hacemos es paliar el dolor para
ayudar a que las personas acepten su realidad y sigan siendo como
son; sacando lo mejor de sí mismas hasta el final.
Dra. Cristina López
Unidad de cuidados paliativos
Hospital Gregorio Marañón, de Madrid
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