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(Zenit, 13 de febrero de 2007)
«Se necesita un compromiso, a todos los niveles, para favorecer y
sostener centros y unidades de cuidados paliativos que, fuera de las
lógicas del encarnizamiento terapéutico y contra toda tentación de
eutanasia, garanticen una asistencia integral al enfermo y su derecho a
una muerte natural digna», advierte el Pontificio Consejo para la
Pastoral de la Salud.
Así lo concluye en el informe descriptivo de los resultados de la
investigación que ha llevado a cabo sobre cuidados paliativos -
aquellos destinados a mejorar la calidad de vida del paciente, pero que
no actúan sobre el control del proceso evolutivo de la enfermedad-.
Tal informe se presentó en la capital surcoreana, Seúl, que ha
acogido este año los actos de la reciente XV Jornada Mundial del
Enfermo, en esta edición en torno a «La Asistencia Pastoral y
Espiritual a los Enfermos con Patologías Incurables».
Procurando «ampliar el horizonte de conocimiento de la labor de la
Iglesia en el mundo del sufrimiento, y en particular de los enfermos
incurables» -apunta el presidente del dicasterio, el cardenal Javier
Lozano Barragán, en la introducción-, el citado informe es una
actualización de un estudio realizado en 2004 -en 121 países de los
cinco continentes- en centros sanitarios católicos especializados en
cuidados paliativos indicados por más de un centenar de obispos
responsables de la pastoral sanitaria en los distintos países.
Sin pretensión de representar toda la obra de la Iglesia en el
campo de los cuidados paliativos, el informe -prosigue el purpurado-
permite conocer los contextos en los que las realidades sanitarias
católicas deben trabajar, los problemas con los que se enfrentan y el
empeño diario que vuelcan, de forma integral, en las personas.
Labor católica en cuidados paliativos
Los centros entrevistados abarcan muchas dimensiones, desde los más
pequeños, capaces de prestar asistencia domiciliaria a una decena de
pacientes al día, a centros médicos de dimensión media-grande,
generalmente la Unidad operativa de cuidados paliativos hospitalarios,
que llega a prestar doscientas visitas ambulatorias y domiciliarias
diariamente.
Con todo, el informe advierte de la escasez de estructuras sanitarias dotadas de Hospital de Día.
Los tiempos de espera para acceder a los cuidados paliativos no son
excesivamente largos, ya sea para ingresos o para visitas ambulatorias.
En cuanto al personal, los centros entrevistados cuentan con las figuras habituales como médicos, enfermeros y auxiliares.
«Junto a estas figuras, es eficaz la presencia de los voluntarios y
del asistente espiritual católico y el de otras religiones, si bien la
mayor parte de los centros entrevistados evidencia que su número es
apenas suficiente respecto a las necesidades del contexto en el que
opera la estructura», señala el informe.
Alerta por otro lado de que «la escasez de fuentes de financiación
procedente del sector público» y la necesidad de tener que sostenerse
sobre con donativos privados «hace ciertamente más difícil la
administración de los recursos humanos y materiales, y por lo tanto
podría ser una causa» de escasez de profesionales diversos.
Estos centros no se limitan a una labor de tipo médico-asistencial,
sino que el personal, según su misión propia, se presta a apoyar a la
familia y la fe del paciente. «Todo esto -reconoce el informe del
dicasterio- se traduce no sólo en la reducción del dolor físico, sino
también en la recuperación de su vida afectiva».
Aún así, muchos centros afirman que sus enfermos mueren con
sufrimientos físicos, de forma que, para mejorar la calidad de vida de
los pacientes, en la mayoría de los centros entrevistados se ponen en
marcha recursos terapéuticos innovadores, como la fisioterapia asociada
a la musicoterapia.
Igualmente se facilita la recepción de los Sacramentos en los
centros entrevistados, si bien faltan asistentes espirituales para
llevar a cabo esta labor.
De ahí que se advierta «la necesidad de promover los programas
pastorales de la Iglesia local dedicados específicamente a los cuidados
paliativos y a dar impulso a una catequesis apropiada».
«En general, los objetivos principales de los programas pastorales
se refieren al acompañamiento integral del paciente, con particular
atención al cuidado de la dimensión espiritual», concreta.
Y aunque «la mayor parte de los centros entrevistados lamenta la
inexistencia de un órgano de coordinación pastoral que se ocupe de
cuidados paliativos, cuando está presente su obra» se orienta a
favorecer «encuentros periódico con las demás realidades en el terreno,
con los capellanes, con los voluntarios y con los pacientes».
La atención al enfermo crónico o terminal, responsabilidad de todos
Para el dicasterio de la salud, las realidades expuestas muestran
que el camino emprendido es el adecuado, pero que queda mucho por
recorrer.
Es por lo que insiste en la necesidad de un compromiso a todos los
niveles para favorecer los centros de cuidados paliativos que
garanticen al enfermo una asistencia integral y su derecho a una muerte
natural digna, que está lejos de encarnizamientos terapéuticos o de la
tentación de la eutanasia.
«El derecho a la vida se precisa en el enfermo terminal como
derecho a morir con serenidad, con dignidad humana y cristiana -apunta
el cardenal Lozano Barragán-. Con los cuidados paliativos, la medicina
se pone al servicio de la vida en cuanto que, si bien se sabe que no
puede derrotar una grave patología, dedica las propias capacidades a
aliviar los sufrimientos del enfermo terminal».
Por ello recuerda el purpurado, remitiéndose a cuanto advierte
Benedicto XVI, la necesidad de más centros de cuidados paliativos que
ofrezcan una asistencia integral, proporcionando al enfermo la ayuda
humana y el acompañamiento espiritual que necesita, «un derecho que
pertenece a todo ser humano y que todos debemos comprometemos a
defender» ( «Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial del Enfermo 2007» ).
El texto íntegro del informe está disponible -en inglés e italiano-
en la página del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud: http://www.healthpastoral.org .
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