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Dosis dudosas, inadecuadas y excesivas PDF Imprimir E-mail

(El Mundo, 31 de marzo de 2005). Hasta seis actas del hospital resaltan irregularidades en la sedación de 25 pacientes del servicio de Urgencias que dirigía el doctor Montes. La mayoría murió horas después del tratamiento. En dos casos, se dieron sedantes a enfermos en coma.

La Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) tiene entre manos hasta 25 historias clínicas de pacientes del servicio de Urgencias del hospital Severo Ochoa de Leganés que son más que dudosas. Se trata de sedaciones «excesivas», «dudosas», «inadecuadas»... con la muerte del paciente, casi siempre, horas después de la administración de los medicamentos, según determinaron expertos del propio centro sanitario a lo largo de 2004.

En ocasiones, sus patologías no parecían requerir sedantes; en otras, las dosis excedieron supuestamente todo lo recomendable, según explicaron fuentes médicas. Hay casos donde no se realizan maniobras de recuperación cardio pulmonar o no se hicieron traqueotomías urgentes e intubación, como podría haber sido necesario. Toda esa información está reflejada hasta en seis actas realizadas por el propio hospital entre los meses de febrero y diciembre de 2004. Las mismas fueron realizadas por la Comisión de Mortalidad del centro y por la Comisión de Seguimiento que se creó ante las graves dudas planteadas, siempre en el servicio de Urgencias, que dirigía por entonces el doctor Luis Montes, ahora destituido por la Consejería de Sanidad.

Las citadas actas reflejan, caso por caso, múltiples irregularidades detectadas en la sedación: «Sedación no indicada», «sedación dudosa», «exceso de dosis iniciales», «dosis excesivas». Pero esa documentación nunca salió del hospital, ni fue a parar a los responsables de la Sanidad madrileña. Nunca hasta que comenzó una investigación interna fruto de dos denuncias anónimas realizadas el pasado 8 de marzo.

A dos de los pacientes atendidos en Urgencias se les llegaron a suministrar sedantes a pesar de que estaban en coma arreactivo. Es decir, el tratamiento no podía tener como objetivo aliviar el dolor o el sufrimiento que padecían ya que los enfermos (los casos uno y 13 estudiados por la Comisión de Seguimiento de junio de 2004) no sentían nada.

Fuentes médicas apuntaron ayer que estos dos tratamientos concretos no pueden tener un propósito paliativo porque ni siquiera existía dolor. En algunos casos, se suministraron sedantes a enfermos con accidentes cerebro vasculares (derrames, apoplejías...) en las que no suele indicarse sedación. O en casos de Alzheimer, una enfermedad que tampoco requiere tranquilizantes, según diversos médicos.
¿Eutanasia activa? Eso lo deberá determinar el fiscal o la comisión que se constituirá próximamente entre miembros de la Comisión de Mortalidad del hospital y tres especialistas nombrados por el Consejo Superior de Sanidad.

En casi ninguno de los casos descritos constan las causas detalladas de la sedación y se pueden haber aplicado incluso a pacientes que, aparentemente, no eran terminales: «una anciana atendida (...) con una supuesta infección del tracto urinario» o un «varón de 40 años con neumonía por neumococos»...

En otros casos, la sedación se realiza mediante mezclas de potentes fármacos que, según fuentes médicas, pueden ser excesivas como «asociación traxilium y dormicum» hasta en cuatro ocasiones.
Fuentes médicas aseguran que los firmantes de las sedaciones (siempre un médico, no dos, como establece el protocolo interno del hospital) son en casi todas las ocasiones los mismos cinco o seis facultativos del servicio de Urgencias.

Además, el hospital sí tiene seis camas de cuidados paliativos y desde el servicio de Urgencias, en todo este tiempo, no se cursó ninguna petición para que alguno de sus pacientes terminales ingresara en las mismas, como también era preceptivo. Según el protocolo del centro, los enfermos no debían ser sedados en Urgencias y de ser así, no debían permanecer más de 24 horas allí. Circunstancia que volvía a ocurrir.

La Consejería de Sanidad no tuvo acceso a esa documentación hasta hace dos semanas, cuando envió a seis inspectores para investigar las denuncias anónimas que hablaban de hasta 400 presuntos casos de eutanasia.

Las destituciones
Inmediatamente, esa documentación fue trasladada al despacho del consejero, Manuel Lamela, y éste lo hizo llegar a la Fiscalía. Acto seguido, Lamela decidió destituir al jefe de Urgencias, Luis Montes, al director médico y al gerente del hospital por «graves irregularidades» también abiertas por los inspectores. Hasta aquel momento, nadie del Severo Ochoa había comunicado a la Administración sanitaria que se había producido ninguna anormalidad a pesar de llevar meses estudiándolas.

En el informe del que dio cuenta Lamela la pasada semana se destaca que hasta en 57 casos de 151 estudiados, ha habido sedación sin que conste el consentimiento expreso de los familiares de los enfermos.
Los seis inspectores evaluaron 339 historias clínicas de pacientes que fallecieron en Urgencias desde septiembre de 2003. Además, se vulneraron normas del tratamiento de la información. 70 consentimientos informados de los familiares para aplicar sedación no estaban con las historias clínicas de los pacientes, como debe ocurrir, sino en el cajón del despacho del doctor Montes.

Infracciones legales
Manuel Lamela ya aseguró en su día que estas irregularidades «no deben consentirse y exigen medidas contundentes y firmes» porque pueden vulnerar la Ley de Autonomía del Paciente y la Ley de Protección de Datos.

El servicio de Urgencias que dirigía el doctor Montes utilizaba un formulario propio para que los familiares de enfermos dieran su «consentimiento informado para sedación de pacientes terminales».
En el mismo; se afirma que «en el contexto de la enfermedad terminal», «el objetivo de la Medicina es más el de asistir  en el sentido más amplio del término- que el de curar». «Por este motivo», continúa el documento, en poder de este periódico, «consideramos que el único tratamiento razonable y éticamente aceptable consiste en iniciar una sedación que evite prolongar la situación de intenso sufrimiento (agonía) que presenta actualmente».

«La sedación garantizará el alivio de cualquier sintomatología que padezca el paciente, proporcionándole bienestar y restableciendo la dignidad que merece como individuo», concluye. Fuentes médicas aseguraron con rotundidad que la sedación no es aplicable a «cualquier sintomatología» como parece haber ocurrido en ocasiones en Leganés.

Ayudar a bien morir
José Luis de la Serna

En las actas de la Comisión de Mortalidad del Hospital Severo Ochoa, a las que ha tenido acceso este diario, se detectan irregularidades precisamente en algunos de los fallecimientos en el Servicio de Urgencias. Los miembros de la Comisión constataron, en sólo tres meses del año 2004, que en varias historias clínicas no estaba justificada la sedación, así como que en las mismas se utilizaban dosis inadecuadas o excesivas.
Hasta un profano se puede sorprender si ve una indicación de sedación para un paciente en coma muy profundo. Estos enfermos, al estar precisamente en coma arreactivo, no necesitan droga alguna que los sede. Ya lo están por su patología cerebral.

El informe aporta los datos suficientes para entender que se debe llevar a cabo una investigación rigurosa, imparcial y serena de lo que ha ocurrido en esa institución.
La Medicina siempre debe hacerse con luz y con taquígrafos, y los médicos tienen que estar dispuestos a que sus actuaciones se auditen sin pasión. Y más en estos tiempos en los que, afortunadamente, la clínica se hace basada en protocolos consensuados por muchos especialistas que tienen que cumplirse, modulados si acaso por el buen juicio de la experiencia de los facultativos.
Precisamente pasión e intriga política es lo que está sobrando a la hora de encarar un affaire como éste, que es muy comprometido. A veces la pasión es producto de un exceso de corporativismo que en nada. beneficia a una gran profesión. Este corporativismo deriva de una insensibilidad política que ha despreciado la Medicina en los últimos lustros.

Es kafkiano comprobar que la mayoría de los trabajadores de la sanidad pública tienen en muy bajo concepto a sus patrones. Es difícil creer que lo mismo ocurriera en las compañías privadas. Muy pocas irían bien.
Por otro lado, los políticos utilizan lo conflictos sanitarios casi siempre para tirarse los trastos a la cabeza, en lugar de aunar fuerzas e intentar remediarlos. A buena parte de nuestros gobernantes les importa muy poco que la salud sea el bien más preciado de cada ciudadano. Si pueden utilizar un decreto sobre medicamentos, una infección en un quirófano o las listas de espera para desprestigiar al oponente, lo harán siempre.

Parece que la Salud nunca será un buen tema de estado. En cualquier caso, hace falta también un debate sereno sobre cómo ayudar a bien morir, que vaya más allá de la eutanasia activa o pasiva. El médico tiene hoy en día armas suficientes para aliviar el sufrimiento del paciente y eliminar la angustia y el dolor sin tener que acelerar su muerte de forma muy significativa.
Para ayudar a bien morir casi nunca hay que recurrir a la eutanasia.

«Demasiada flexibilidad» en Urgencias
El servicio de Urgencias del Severo Ochoa recibía pacientes de otras áreas de la Comunidad de Madrid a pesar de que eso no es lo habitual en otros centros. Como explican fuentes médicas, en dicho departamento existía «demasiada flexibilidad» con los enfermos terminales y eso era conocido en determinados círculos. De hecho, otras fuentes relataron que el hospital está bastante dividido entre el área de Urgencias y el resto. Los mismos informantes explicaron que más de 40 médicos han entrado en este servicio en los últimos años y, más o menos rápidamente, han terminado pidiendo su traslado.
Las denuncias anónimas que llegaron a la Consejería procedían, casi con toda probabilidad, del propio centro y sus autores, evidentemente, no estaban en absoluto de acuerdo con la forma de trabajar del servicio.
Las tasas de mortalidad en Urgencias eran tan altas, comparadas con otros centros similares, que el propio hospital constituyó una Comisión de Seguimiento que estudiara los casos dudosos que había detectado la Comisión de Mortalidad del hospital.