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(Pro-Vida Press, 14 de diciembre de 2006)
En Holanda, una tercera parte de las eutanasias se hace sin
consentimiento del paciente. Cuando se despenalice la eutanasia los
enfermos y los ancianos serán vulnerables. Los abuelos desaparecerán de
las familias, como han desaparecido tantos niños en nuestros días.
Me empeño en mostrar que los que sufren deben ser motor de
políticas sociales y sanitarias y nunca de eliminaciones voluntarias o
involuntarias. El problema, pienso, está en el vacío existencial en el
que nos hemos instalado. La falsa compasión por los que sufren les lleva a
ver razonable su extinción sin más, porque ya no quedan motivos para vivir
que no sean la calidad y el bienestar.
Personalmente apuesto por la muerte, no por el homicidio bajo el
nombre de eutanasia. Sencillamente porque la muerte ordena cada día mi
vida, me ayuda a pensar en la finitud y es motivo de alegría saber que nada
de lo que hacemos cae en saco roto. Si esto no fuera así, la vida seria el timo
más grande inventado nunca. Solamente por el principio de precaución ante
un misterio que sobrepasa a cualquier razón humana deberíamos ser más
cautos ante nuestra condición mortal (Isabel Viladomín. Asociación
Catalana de Estudios Bioéticos, 8-X-2006).
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