Portada Análisis de Argumentos Ramón Sampedro y "Mar Adentro" Envuelta en la magia del cine, la Eutanasia ha salido a debate
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Envuelta en la magia del cine, la Eutanasia ha salido a debate PDF Imprimir E-mail

(El Confidencial Digital; Granada Digital, 10 de marzo de 2005 - Josefa Romo). El cine puede convertirse en el gran manipulador de las ideas y de los sentimientos. El séptimo arte es capaz de  presentar lo malo como bueno y a la inversa. El  poder simbólico del sonido y de la imagen en la gran pantalla, es inmenso.

¿No es la  muerte siempre fea para todos y dolorosa para los seres queridos?  Pues bien, en la película de Amenábar se presenta la terrible muerte de Ramón Sampedro como loable, y como irrisible el coraje del sacerdote que en parecidas condiciones lucha por la vida. El pobre hombre no encontró amigos que le ayudaran a descubrir el valor de su vida.

¿Hay alguien que en estado anímico normal quiera su muerte? Nuestro instinto de conservación es muy fuerte y sólo se reduce con la depresión o con la desesperación. Al deprimido hay que ayudarle y al desesperado darle ánimos. Un estudio del Instituto de Tumores de Milán publicado en 2001 por el diario Avvenire, constata que de 900 pacientes seguidos ese año, uno sólo pidió que se le ayudara a morir. Y este único enfermo cambió de idea cuando tuvo cuidados paliativos que mitigaron su sufrimiento.

En Holanda, la eutanasia, según la revista Journal of Medical Ethics (Jochemsen, H; Keown, J. Voluntary euthanasia under control? Further empirical evidence from The Netherlands. J Med Ethics 1999 25: 16-21), se encuentra ?más allá de todo control eficaz?, y ya ni se pregunta  al paciente, como ocurre en el 15 % de los casos según los médicos. ?Muchas personas en Holanda tienen miedo de ingresar en un hospital debido a esta situación.? (Michael Howitt Wilson).

Todos conocemos el caso de Ramón Sampedro, y yo, que estuve al lado de mi padre hasta el final, creo firmemente que cuando se ama no se mata.

Dice De Conno que la eutanasia es ?un negocio para las clínicas que la practican, así como para las empresas de seguros y para el servicio sanitario que así se libera del peso de la asistencia a un enfermo que, cuando no es asistido adecuadamente, la única cosa que pide es morir cuanto antes?. ¿No lo será también para familiares con codicia o comodones?

Existen  casos dramáticos que a todos nos conmueven; pero la vida es patrimonio de la humanidad y hay que evitar con leyes tajantes el peligro que supondría un relativismo moral; tampoco se debe caer en el ?encarnizamiento terapéutico?, forzando  la naturaleza de modo artificial y desproporcionado más allá de sus límites naturales. Una cosa cabe en las situaciones extremas: el amor de la familia hecho ternura inmensa, el apoyo social (voluntariado), la ayuda estatal y los cuidados paliativos. Pienso que aquí es en donde hay que crear conciencia social. Ante la cultura de la muerte, los hombres de buena voluntad, ¿no habrán de concentrar sus energías para defender apasionadamente la vida? Ninguna vida humana es indigna, aunque a algunos les pueda parecer que la utilidad o el placer están por encima.

El ministro francés de Sanidad, J. F. Mattei, lo expresa así: ?Si se autoriza la eutanasia incluso en casos excepcionales, se corre el riesgo de convertirlo en una costumbre; y las costumbres acaban desarrollándose?.

 
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