(La Gaceta de los Negocios, 11 de marzo de 2004). The New York Times, Amsterdam. ?A los bebés nacidos con una corta esperanza de vida y abocados a intensos sufrimientos se les debería practicar la eutanasia?. Es la opinión de dos doctores de Holanda: Eduard Verhagen y Pieter J. Sauer, del centro médico de la Universidad de Groningen.

Ambos científicos han redactado un ensayo que publicó ayer el Journal of Medicine de Nueva Inglaterra. El texto desarrolla las directrices de lo que se denomina el protocolo de Groningen. Los puntos clave de este protocolo han sido descritos en distintos informes a lo largo de los últimos meses.
?Estamos convencidos de que las medidas encaminadas a suprimir una vida pueden ser aceptables en aquellos casos sujetos a estrictas condiciones?, escriben los autores. Estas condiciones incluyen el total consentimiento de los padres, el acuerdo de un equipo de médicos y la revisión de cada caso concreto para determinar si la decisión está justificada y si los procedimientos se han seguido adecuadamente.

Amplia aceptación
Stephen Drake, un investigador y analista de No Morir Todavía, dice que no hay nada sorprendente en que la profesión médica abrigue el deseo de formalizar y legitimar una práctica que tiene una amplia aceptación entre algunos miembros de la comunidad médica mundial. No Morir Todavía es una organización radicada en Estados Unidos que considera la eutanasia y el suicidio asistido como unas amenazas a la gente con discapacidades. ?Obviamente, nosotros ? apunta Drake? estamos en contra. El protocolo de Groningen, según este investigador, se basa ?en la elección de niños de acuerdo con la valoración que tiene otra persona de lo que es calidad de vida?.
Algunos médicos practican abortos a fetos cuando detectan en el útero la enfermedad de Tay-Sachs, un mal hereditario que afecta al sistema nervioso. Otra modalidad de aborto consiste en retirar el tratamiento a un bebé que no tiene esperanza de vida. Verhagen afirma que él y Sauer están tratando de introducir unas medidas que permitan contabilizar todo este tipo de actos que ocurren a diario en el mundo. ?Dado que estos hechos estan sucediendo ?comenta Verhagen?, encontramos inaceptable que se produzcan en el silencio y en la clandestinidad. Hay que regularlo?.
En Holanda, la eutanasia es legal para pacientes mayores de 16 años que la hayan solicitado. ?La cuestión que hay que someter ahora a consideración ?escriben los autores del protocolo? es si la deliberación sobre los procedimientos para acabar con una vida es también aceptable en recién nacidos y niños, teniendo en cuenta que estos pacientes no pueden expresar su voluntad?. Pero, ?¿deben seguir con vida niños con disfunciones asociadas a terribles sufrimientos que no pueden mitigarse??.

Tres grupos
Estos médicos holandeses han dividido en tres grupos a los recién nacidos a quienes podría aplicarse la eutanasia. El primer grupo lo forman aquellos niños ?que no tienen posibilidad de sobrevivir?. Bebés con un ?pronóstico muy pobre y que prescinden de excesivos cuidados? constituyen el segundo. Verhagen considera que, aunque un intenso tratamiento podría ayudarles a sobrevivir, no disfrutarían de una buena calidad de vida. El tercer grupo lo componen aquellos niños con un ?pronóstico desesperanzador y que están condenados a padecer insufribles dolores?. En este grupo, los médicos de Groningen incluyen a los bebes con serios daños en la médula espinal, como que la médula no se haya cerrado completamente.
Según estos doctores, en Holanda, a mediados de los 90, se dieron de 15 a 20 casos de eutanasia cada año correspondientes al tercer grupo. La justicia nerlandesa ?dio su aprobación a estas actuaciones como un conjunto de requisitos para una buena práctica médica?. Los autores también han examinado 22 casos de eutanasia en niños con problemas de médula espinal que fueron llegando a la fiscalía del distrito desde 1997. Ninguno de los doctores que aplicaron esta eutanasia fue procesado.
Entre las directrices recogidas en el protocolo, los doctores también escriben: ?No se trata de nuestra disposición o diversión para acabar con una vida. Si alguien termina con la vida de un niño, tiene que plantearse antes si está dispuesto a ser responsable de ello.
Douglas J. Sorocco, un abogado de Oklahoma con daños en la médula, estima que estos doctores pueden precipitarse a la hora de evaluar cuál es un caso perdido y cuál no, dónde no hay esperanza y dónde sí la hay. Añade que, con los cuidados y con la medicación adecuada, muchos niños con patologías incurables pueden llegar a disfrutar de una vida provechosa.
?Hay gente con la médula espinal destruida que tiene familia y que aportan su grano de arena a la comunidad en que viven. A mí me podían haber clasificado como un caso perdido, pero mi familia consideró que yo tenía una vida que merecía la pena vivirse. Y, después, yo me he dicho que realmente merece la pena vivir la vida que me ha sido dada?.

?Inaceptable para nuestra cultura?
El doctor Verhagen asegura que no duda de que pueda haber gente con enfermedades incurables que disfrute de una cierta calidad de vida. Sin embargo, sostiene que no es comparable la existencia de alguien completamente sano con el modo de vida de los niños que aparecen en su protocolo. Arthur Caplan, profesor de Bioética de la Universidad de Pennsylvania, comenta que no cree que las directrices de este protocolo puedan algún día aplicarse en EEUU. ?Es inaceptable para nuestra cultura?. En este sentido, Verhagen dice: ?Es te protocolo encaja en nuestro modelo cultural, pero no está claro que pueda hacerlo en todos?.
(Traducción: Martín-Aragón.)