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Juicio para matar PDF Imprimir E-mail

(La Gaceta, 22 de marzo de 2205) Artículo de José Miguel Serrano Ruiz-Calderón, Profesor Titular de Filosofía del Derecho, sobre el caso de Terri Schiavo.

Una amplia mayoría del Congreso y la unanimidad del Senado de Estados Unidos han aprobado una ley, inmediatamente firmada por el Presidente Bush, para permitir que los padres de la paciente Terri Schiavo puedan recurrir ante los tribunales federales la decisión de los de Florida de autorizar que se retire la hidratación y la alimentación a esta mujer.

El caso se ha convertido en uno de los más controvertidos de la historia estadounidense pero, probablemente, si la deriva de algunos tribunales y de un sector de la opinión pública se mantiene en la línea actual, deberemos acostumbrarnos a ellos.

En principio, resulta sorprendente que unos padres y un marido debatan ante los tribunales sobre la vida de una persona, accidentada en su momento, y actualmente incompetente. Dicha persona no manifestó ninguna opinión sobre su deseo de que se suprimiese la alimentación en caso de coma persistente, menos aún ha podido expresarlo en estos momentos. No tenemos, en consecuencia, ningún consentimiento informado que sirva de guía de la actuación médica. Por ello, quien tiene ahora su representación legal, su marido, que por cierto ha “rehecho su vida”, expone su propia posición cuando pleitea para que se ejecute la muerte de esta persona. Por el contrario, sus padres, con el afecto paternal clásico, se han opuesto a esta medida.

Las paradojas del caso hacen que la financiación de los cuantiosos gastos que produce la demanda del marido, los abogados americanos cobran mucho, procede del fondo de idemnización que recibió la propia Terri por malapráctica. De esta forma, en el esfuerzo por que se autorice su deshidratación, el fondo para su atención se esta agotando.

No es la primera vez que se debate ante tribunales estadounidenses la pretensión de alguien, por ejemplo una compañía de seguros, de que se ponga fin a un coma contra la opinión de la familia. La peculiaridad del caso es que Terri no moriría por una desconexión, pues no esta conectada a maquina que la mantenga con vida, sino que se deshidratará lentamente. Se trata, en consecuencia, de negarle por decisión judicial los tratamientos más mínimos que se le deben a un ser humano: Darle de beber.

Quienes juegan con las imágenes de Terri para conmover a la opinión, es seguro que nos ahorraran la de la lenta muerte de la mujer por decisión humana, más exactamente por la resolución injusta de un juez.

No hay evidencia de que Terri sufra en estos momentos, ni que desease al muerte en este caso, más bien hay un juicio de que su vida es indigna que ha hecho suyo el juez. Por otra parte, ningún interés público aconseja la desconexión, salvo el de la limitación de gastos sanitarios en estos casos. Pero si hay un interés privado, directo, de una persona que puede ver superada una fase de su vida que siente como una carga, y que cuando se inició el proceso podía tener la esperanza de recibir lo que restase del fondo de indemnización.

No parece, en consecuencia, que el derecho este cumpliendo su función de proteger la dignidad de la vida desfalleciente frente a intereses más fuertes en ese momento, como el que ahora representa el marido Michael Schiavo. Por ello no puede sorprender que el legislador federal se movilice para detener la acción que se ha iniciado hace tres días y que esta deshidratando a Terri. Una movilización que, pese a lo recogido por diversos medios, es interpartidaria.

Como narró Sófocles, a fín de no derramar sangre de la familia real, el tirano Creonte ordenó que se enterrase viva a su sobrina Antigona, para que muriera de inanición. Aducía sus motivos legales como vemos en el caso de Terri. Pero el subterfugio no evitó la venganza de los dioses, pues indudablemente la decisión de Creonte era una condena a muerte, justo la que ha recibido Terri Schiavo a manos de su marido y de los jueces de Florida.

 
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