(La Gaceta de los Negocios, 18 de octubre de 2005). En Inglaterra y en Alemania, como en la propia España, vuelven a plantearse escaramuzas a favor del llamado ?derecho a vivir?, rechazado como contrario a las tradiciones jurídicas europeas por el Tribunal de Estrasburgo.

El último caso llegó del Reino Unido. Se ha vuelto a abrir ahora el debate en la Cámara de los Lores, por la presión de asociaciones específicas, que acaban de instalarse también en Alemania, con el apoyo de algún ministro regional.

La situación británica es tan grave que ha dado lugar a una reacción sin precedentes: nueve líderes religiosos, de las seis principales confesiones (cristianos, budistas, musulmanes, judíos, hindúes y sikhs), firmaron una carta dirigida a los miembros del Parlamento y la Cámara de los Lores, para expresar su preocupación por una ley que puede ?alterar radicalmente la base moral? de la sociedad y ?minar el valor de la vida?.

La vida humana puede ser protegida sin apelar a razones religiosas. Pero las grandes culturas y civilizaciones han reconocido un cierto carácter sagrado a la existencia personal. En todo caso, se impone la exigencia de respetar su dignidad en todo momento de su despliegue desde la concepción a la muerte. Además, cada vez está más clara en Occidente la convicción de que los avances en la medicina paliativa dejan sin consistencia a los argumentos de que el suicidio asistido o la eutanasia son ineludibles para afrontar el sufrimiento de la enfermedad terminal.

En sentido contrario, se debería sopesar la triste experiencia holandesa: cuando se autoriza legalmente la eutanasia, se acaba haciendo imposible controlar si se practica según lo establecido. Acaban primando cuestiones económicas, que destruyen antes o después la confianza mutua básica en la actuación médica.