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La sociedad no puede darse el derecho de disponer de la vida PDF Imprimir E-mail
(La Gaceta de los Negocios, 19 de noviembre de 2004). Doctor en Derecho por la Universidad de Lovaina y especialista y profesor de Derecho Civil en la Universidad de Namur (Bélgica), Etienne Montero ha asistido y tomado parte activa en los debates que surgieron en su país previos a la actual despenalización belga de la eutanasia. Como especialista en esta cuestión y miembro del Instituto Europeo de Biomédica, ha coordinado los trabajos del libro Suffering and dignity in the twilight of life (Sufnmiento y dignidad en el crepúsculo de la vida), una publicación en la que advierte de los riesgos de una eutanasia libre.
En las últimas semanas ha saltado al primer plano el debate sobre la despenalización de la eutanasia. ¿Cuál es su opinión?
- Es importante que haya un debate público para que la gente sepa de qué estamos hablando, pero es un tema difícil. Muchos piensan que hay que despenalizar por que no hay que hacer sufrir a la gente, o porque hay encarnizamiento terapéutico.
¿No es ésta la cuestión?
- No, hay que hacer las distinciones necesarias entre las iniciativas médicas legítimas para combatir el dolor y el derecho a la eutanasia, que es actuar con la intención de poner fin a la vida de alguien.
El médico tiene la obligación de aliviar el dolor con calmantes, analgésicos, morfina, etcétera, aún a riesgo de acortar la vida, pero o.
¿Es correcto hablar de la eutanasia como de una negación de la medicina?
- Sí, porque la misión de la medicina hasta ahora siempre ha sido hacer todo lo posible para curar y estar al servicio de la vida.
Legalizar la eutanasia sería investir al cuerpo médico de una nueva misión, darle un nuevo poder que es el de administrar la muerte. Esto supone cambiar fundamentalmente la misión de la profesión médica.
¿En qué sentido?
- Mucha gente piensa que la eutanasia es una cuestión meramente privada, pero no. Legalizar la eutanasia téndrá un impacto profundo sobre el tejido social. Es un acto con una dimensión social, jurídica y política importante y hay un riesgo de dañar la integridad de la profesión médica.
Ese impacto social del que habla... ¿puede llegar a una clasificación de las personas entre los que son útiles y los que no?
- Esto es lo grave, porque al legalizar la eutanasia es como si hubiese una duda colectiva sobre la dignidad de algunas vidas, es como plasmar en la ley el sentido relativo de algunas vidas.
Nunca un médico estará dispuesto a acceder a una petición de eutanasia sólo porque el paciente lo reclame ?eso es un requisito de la ley belga y holandesa (países en los que se ha legalizado la eutanasia). Siempre hay un juicio de valor sobre la calidad y la dignidad de la vida y si el médico accede es porque piensa que esa vida ya no vale la pena ser vivida.
Además de la medicina, está la perspectiva jurídica. ¿Cómo se afronta desde este punto de vista?
- En el debate público que hubo en Bélgica, yo siempre he utilizado un argumento socio-politico-jurídico.
Pienso que hay tres motivos en contra de la eutanasia. Del primero ya he hablado, que es proteger la profesión médica.
También hay otra razón social que es proteger a los enfermos. Si se despenaliza la eutanasia muchos enfermos pueden pensar que tienen el deber de ejercitar su derecho a la eutanasia, porque son una carga.
El tercer motivo es proteger los fundamentos del orden jurídico. Mucha gente dice que la eutanasia es disponer de la propia vida y no es cierto. La eutanasia es disponer de la vida de otro.
¿Cómo afectaría entonces? Esto quebrantaría uno de los fundamentos más importantes del orden jurídico que es que nadie pueda disponer de la vida de otro.
Yo entiendo muy bien que alguien en una situación desesperada pida la eutanasia. Pero esto no es lo que se cuestiona, sino que la sociedad se otorgue el derecho de acceder a esa petición, que no puede.
Y... ¿cuál es su opinión en un caso de desesperación?
- No se puede juzgar a nadie. Yo no sabría cómo actuaría en esa situación, pero es desacertado legislar a partir de un caso límite.
¿Por qué?
- La ley es una norma general. En un estado de derecho no puede haber leyes de caso por caso, porque el legislador sustituiría al juez.
Además, muchos discapacitados no están a favor de la eutanasia porque según ellos esta legalización sería como decir que sus vidas no son dignas.
Se puede decir que no a unos para proteger el interés general superior.
¿Podría existir una visión de que la eutanasia es algo propio de países desarrollados y, por tanto, un indicador de progreso?
- Sí, pero la vía del progreso auténtico no pasa por legalizar la eutanasia. Creo que lo más urgente ahora mismo es seguir mejorando las técnicas de control del dolor. Por este camino tiene que haber una mayor formación y enseñanza a los médicos.
¿Y el apoyo al enfermo?
- También es importante desarrollar los cuidados paliativos, que tendrían que contar con más presupuesto y una política más decidida, porque, en definitiva, la eutanasia socava la atención a los enfermos.
Por otro lado, hay que ayudar al entorno y la familia del paciente, ya que en el 70% de los casos es la que solicita la eutanasia.
 
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