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Miércoles, 21 Agosto 2019
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El despertar de Terry Wallis PDF Imprimir E-mail

Su primera palabra, tras 19 años envuelto en el silencio de un coma leve, fue "Mamá". Poco después comenzó a enlazar frases cortas y ahora, tres años después de su inesperado despertar, es capaz de contar hasta 25, de bromear con su familia e incluso de apuntar con el dedo. Terry Wallis, de 42 años, un mecánico de Big Flat (Arkansas), se ha convertido en el milagro que mantiene en vilo a la comunidad internacional de neurólogos: mientras su cuerpo yacía inerte en una cama de hospital tras un violento accidente de coche que lesionó su cerebro hace casi dos décadas, su mente creaba nuevas conexiones nerviosas que permiten a las neuronas comunicarse entre sí, provocando de repente su salida del coma y el principio de su recuperación. Un estudio publicado el pasado lunes en el Journal of Clinical Investigation hacía público su caso, que ha abierto nuevas esperanzas para quienes tienen familiares en estado vegetativo pero que aún tiene que ser explicado a fondo por la comunidad científica.

"Creo que se trata de un lentísimo proceso de autocura del cerebro", explica Henning Voss, médico de la Universidad de Cornell, que ha dirigido el estudio en el que no obstante, se advierte de que se trata de un caso entre 300 millones. "Parece que la mente de Terry se ha dedicado a buscar nuevos caminos para restablecer conexiones en las áreas relacionadas con el lenguaje y el movimiento para sustituir a las que habían sido dañadas", explica el neurólogo Nicholas Schiff, otro de los autores del estudio, quienes tratan de entender por qué ha ocurrido el milagro.

Wallis nunca llegó a estar en coma profundo. Su situación era definida como "estado de conciencia mínimo". Estaba despierto y ocasionalmente ofrecía signos de entendimiento pero era incapaz de interactuar con el mundo exterior. Es un diagnóstico menos grave que el del estado vegetativo persistente que padecía Terry Schiavo, la mujer que se convirtió en el centro de una batalla legal en Florida entre los partidarios de la eutanasia y los defensores de su supervivencia y que terminó con la muerte de Schiavo el pasado año tras ser desconectada, a petición de su marido, de la máquina que la mantenía viva desde 1990.

En los años previos a su recuperación, los familiares de Wallis comenzaron a notar que emitía gruñidos cuando en la televisión aparecían anuncios de coches Chevrolet, de la marca Ford, su favorita. Poco después comenzó a contestar a preguntas pestañeando. Los médicos que le administraron un antidepresivo, lo que según el estudio, podría haber acelerado su recuperación. En 2003, una semana después de decir "Mamá", comenzó a expresarse con frases simples. Ahora, a pesar de no poder comer solo y de no poder caminar, mueve sus dos piernas y su brazo izquierdo. "Es el mismo que antes y a menudo nos dice lo feliz que se siente de estar vivo", relataba su padre en The New York Times. Wallis no recuerda nada de sus dos décadas de vida en el hospital. "Aún piensa que Reagan es el presidente", dice su progenitor.

Tras el despertar de Wallis, el equipo de investigadores dirigido por Voss y Schiff examinaron su cerebro con escáneres y diversas técnicas de imagen y descubrieron que las células de las partes sanas de su cerebro habían creado nuevos axones, largas fibras nerviosas que transmiten mensajes entre neuronas. Sus células estaban vivas, por lo que su capacidad para producir axones estaba intacta, al contrario que las del cerebro de Terry Schiavo, con muerte cerebral. Imágenes de su cabeza tomadas con 18 meses de distancia entre sí, mostraron que Wallis había producido nuevas conexiones entre células en las zonas relacionadas con el lenguaje y el movimiento. Al mismo tiempo, se analizó el cerebro de otras 20 personas, para poder comparar los cambios, incluido el de un joven de 24 años con una lesión en la cabeza. En su caso también se observó que se habían creado nuevas conexiones nerviosas, pero la simple constatación de su nacimiento, que no llegó a formar una red sólida de comunicación como para ponerlo a funcionar, no basta para predecir o ayudar a su recuperación. Ése es el misterio que el despertar de Wallis puede ayudar a resolver.

(El País, 5 de mayo de 2006)

 
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