(Marca, 26 de octubre de 2006)

Desde la cama de la clínica Anderson de Madrid donde se niega una y otra vez a rendirse en la lucha que mantiene contra el cáncer, Paquito Fernández Ochoa, el único campeón olímpico que ha tenido el esquí español, espera el merecido homenaje que recibirá el sábado en su pueblo, Cercedilla. Su cuerpo muestra los estragos de la enfermedad, pero su mente, su espíritu y su determinación siguen siendo los del indómito iniciador de la saga Fernández Ochoa, que a sus 57 años se ha quedado para siempre en el corazón de los españoles como Paquito. (...)

¿Siempre ha hecho lo que ha querido?
He hecho lo que he entendido que tenía que hacer. Otra cosa es que haya acertado. Me he salido con la mía. Porque me toque este retroceso en mi salud no me puedo sentir desafortunado. Podría ser peor.

Cuando le diagnosticaron el cáncer, ¿cómo lo encajó?
Ya la palabra es cruel y te da una sensación de tragedia. Es difícil de llevar, de curar y de mantener, pero piensas que no hay otra, que tienes que seguir peleándote y prefiero seguir hasta el final como un bravo que caer como un manso.

¿Le diría algo a los enfermos de cáncer?
Que hay que afrontar el cáncer con decisión y valentía. Si no, pierdes. Por mal que venga, hay que estar satisfecho de haber llegado hasta donde has llegado y por mal que estés, dar guerra. Y disfrutar al máximo. Se puede ser feliz con artrosis, con ceguera y también con cáncer. Vivir es un privilegio del que no tenemos derecho a renegar. Hay que prohibir la idea de dejarse llevar por la corriente. Al cáncer se le puede dar guerra. Y disfrutar de tu hijo, tu mujer, tu pareja, el amigo... Siempre hay un pretexto para disfrutar en un día, que es muy corto, y también es corto un año, y 100 años.