Portada Sentido del sufrimiento Historias reales 'La tetraplejia se vence con fortaleza y el apoyo familiar'
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'La tetraplejia se vence con fortaleza y el apoyo familiar' PDF Imprimir E-mail
(La Gaceta, 30 de mayo de 2007)

¿Alguien habló de pesimismo? Aquí se contagia otra cosa. La oficina de Mar es pequeña, pero despliega desde temprano una intensa actividad de teléfonos, un ir y venir incesante. Organizan cursos de educación vial. Enseñan a los jóvenes la importancia del cinturón, del casco, el valor de la vida por encima del instante, y la responsabilidad que supone conducir. Lo siento, pero hoy la página se nos quedará pequeña para abarcar esta experiencia vital.

¿Recuerda el día del accidente?
Claro. Llevaba el cinturón. Si no, estaría muerta. Creo que la lesión la provocó el reposacabezas. Estaba mal puesto. Y quizá un buen samaritano, y mis ganas de salir, porque tienes la sensación de que aquello va a estallar. Cuando me llevaron al hospital tenía miedo de que me rompieran la ropa, que era de mi hermana. Hasta entonces no sabía qué era la tetraplejia.
Cambió su vida, pero no sé si le cambió a usted.
Te das cuenta de la gravedad poco a poco. A los tres meses de hospital empecé a organizar cosas, la despedida de una enfermera, un cumpleaños. Es vital salir. En esta situación se pierde mucha autoestima y tienes miedo a salir. El mejor cumpleaños de mi vida fue el de los 26 años, en un local flamenco.
¿Y al salir del hospital?
Entré en La Paz como psicóloga. Estuve dos años trabajando con las familias de personas con lesión medular. Me gustó mucho trabajar en equipo, y ayudar a la gente en sus problemas. Son hechos importantes a la hora de enfrentarse a esta situación.
¿Su boda fue antes o después de la lesión?
Cuando el accidente tenía un novio, Jesús, al que dejaba cada dos por tres con una frase: 'No te preocupes porque tú y yo terminaremos casándonos'. Vino a verme, y poco a poco recuperamos la relación. Pero aquello había cambiado. Lo peor de una tetraplejia es depender de otro. Nuestras parejas son muy especiales, y eso supone una gran generosidad, de la que la gente hoy no está sobrada.
¿Y cómo es su relación con los otros?
Lo peor es la lástima. Recuerdo la frase de un fisioterapeuta. Me decía: 'Haz que no te miren con pena, sino con admiración'. Soy una persona alegre y optimista. Para superar esto hace falta fortaleza interior y un entorno familiar que te apoye.
Eran dos, y un día llegaron las niñas, ¡mellizas!
Es el primer caso de un embarazo de mellizas en una mujer tetrapléjica. El año difícil fue el primero. Pero pronto descubrimos que las pequeñas se dormían muy bien con el movimiento de mi silla.
Y ahora, cuándo mira atrás, ¿qué ve?
Que he nacido con estrella aunque un día me estrellé, que he llegado a todas partes aunque me ha costado más esfuerzo, y que en 16 años he podido llegar a dos millones de chavales.
El caso de Ramón Sampedro, ¿les hizo daño?
Mucho. Ramón tenía la misma lesión que yo. Él no aceptó la discapacidad. Yo salgo a las ocho de la mañana y vuelvo a media tarde. El 99,9 % de los tetrapléjicos quieren vivir. He tenido tres casos de intento de suicidio que después de la lesión se han aferrado a la vida con más ganas. La sociedad debe hacer un mundo en el que quepamos todos.
 
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