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«'Las alas' habla de querer vivir, aunque no a cualquier precio» PDF Imprimir E-mail
(Diario de La Rioja, 16 de junio de 2007)

Carlos Cristos era y es alguien tremendamente vitalista. Un gallego residente en Mallorca, médico de familia defensor de la sanidad pública y luchador en favor de vivir y morir dignamente; lo está sufriendo en carne propia: a los 51 años padece una enfermedad neurodegenerativa, invalidante y mortal (AMS, atrofia sistémica múltiple). Ha querido que una película cuente su historia.
Un pase especial en los Cines Moderno patrocinado por Diario LA RIOJA permitió ver en Logroño la obra ganadora del premio a la mejor película documental en Valladolid, que próximamente representará a España en el Festival de Shangai, y hablar con su director.

- Es inevitable acordarse de Mar adentro. ¿Ha influido?
- No, nosotros empezamos a rodar antes. El rodaje duró del 2003 al 2006, pasando diez días cada mes en Mallorca. Yo creí que iba a hacer una película sobre la muerte de mi amigo Carlos, pero ha resultado ser una película sobre su vida y sobre cómo afronta su muerte.

- Mar adentro trascendió como alegato en favor de la eutanasia, pero el público la entendió como un canto a la vida. ¿Sucede lo mismo con Las alas ?
- Sí, pero, al contrario que Mar adentro, Las alas de la vida no toma partido, no es un alegato. Los personajes sí manifiestan su opinión, pero la película se limita a lanzar preguntas. Además no habla de alguien que quiere morir, como ocurría a Ramón San Pedro, sino de alguien quiere vivir, aunque no a cualquier precio.

- Conviene aclarar que Carlos Cristos no pide que se le aplique la eutanasia, sino que, llegado el momento, no se le impida morir.
- Su testamento vital especifica que no se trata de provocarle la muerte, sino de no evitarla cuando le sobrevenga un ataque como consecuencia de su enfermedad. Ahí sí que tomamos partido: en defensa de la sanidad pública y de la dignidad de la vida y sobre todo en el final de la vida. No puede haber muerte digna si no hay un final digno.

- Como director ha sacrificado usted su trabajo -sobrio, elegante, respetuoso, tierno e incluso con toques de humor- para resaltar la historia pura y dura.
- Hemos jugado a que no se vea el lenguaje cinematográfico, pero lo hay y mucho. Hemos hecho 16 versiones de montaje diferentes. No hemos querido recurrir al sentimentalismo, al dramatismo y a la lágrima fácil.

- La historia tiene la potencia del personaje, su familia y su entorno. ¿Cómo está él?
- «Jodido, pero contento», como dice en la película.

- ¿Qué opina de ella?
- Dice que le está dando mucha vida. Él necesita estímulos para seguir viviendo. El día que no tenga interés por la vida adiós. Le está sirviendo de mucho ver la trascendencia que está teniendo, porque es una preocupación de cualquier persona y él mismo lo dice en la película: «A todos nos quitarán todo; no nos llevaremos nada. Dejaremos hecho para los demás nuestra única forma de trascendencia».

- El tema de fondo es el miedo social a encarar la muerte.
- Así es. Es un tabú enquistado en la sociedad. Ya ni siquiera somos capaces de dar la mano a nuestros seres queridos al morir.

- La muerte de Carlos no será una liberación para nadie, tampoco para él, sino una gran pérdida.
- No pesan los muertos, pesa su ausencia. Carlos me recuerda mucho esta frase.
 
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