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(The Guardian, 25 de Marzo de 2009. Traducido y publicado por Diario Médico, 26 de marzo de 2009)

Los médicos británicos raramente ayudan a algún enfermo terminal a morir y dos tercios se oponen a cambiar la ley para que se contemple el suicidio asistido. En sólo uno de cada 200 fallecimientos los médicos han dado algún fármaco con la intención explícita de acelerar la muerte, según una encuesta sobre las actitudes sociales en Gran Bretaña dirigida por Clive Seale, del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Londres, que hizo un trabajo similar en 2004.
Cuando algún médico ha ayudado a un paciente a aliviar su angustia y dolor, la mayoría dicen que no han acortado la vida en más de 24 horas, y nueve de cada diez dicen que sus acciones nunca han contribuido a acortar la vida más de una semana en terminales. Añaden que en tales casos contaron con el consentimiento del paciente y su familia.
Las revelaciones sobre el limitado apoyo médico al suicidio asistido en Gran Bretaña se publican en la revista “Palliative Medicine”, junto con un estudio de las actitudes de los médicos hacia la eutanasia, que indican que están sustancialmente en desacuerdo con la opinión pública.
Sólo un tercio (34 por ciento) son favorables a legalizar la eutanasia y únicamente el 35 por ciento son partidarios del suicidio asistido. Esto contrasta con el 82 y el 62 por ciento respectivamente del público general a los que se les planteó el mismo cuestionario.
Las diferencias de opinión son importantes, dice Seale, porque los gobiernos que han aprobado leyes de suicidio asistido lo han hecho con el apoyo de la profesión médica, como en Holanda.
"La Asociación Médica Holandesa promovió en las décadas de 1980 y 1990 la idea de que la eutanasia era un camino aceptable de enfrentarse a ciertas formas de sufrimiento", explica. "La opinión médica holandesa influyó en el Gobierno".
De todos modos, puntualiza que los gobiernos tienen en cuenta muchas opiniones "y hay un gran apoyo del público general hacia el suicidio asistido".
La presión sobre el Gobierno británico para actuar se intensificó hace poco cuando la ex secretaria de Sanidad Patricia Hewitt pidió un cambio en la ley para que las personas desesperadas no tengan que acudir a la clínica suiza Dignitas para morir poniendo a sus familiares en la tesitura de ser denunciados por ayudarlas.
Cerca de 4.000 médicos contestaron al cuestionario de Seale y su equipo para el nuevo estudio, frente a los 857 que participaron en la encuesta de 2004; los resultados, sin embargo, han sido bastante similares, "los casos de eutanasia en el Reino Unido son muy raros, y es excepcional que tales decisiones de abreviar la agonía hayan abreviado la vida en más de un día".
Incluso los casos en que se han dado fármacos analgésicos para acortar la vida han caído del 32,8 por ciento en 2004 al 17,1 por ciento. Y la retirada de tratamientos de soporte que prolongan la vida también ha bajado del 30,3 al 21,8 por ciento.
La encuesta reveló sin embargo que en el 16,5 por ciento de casos los médicos usaron sedación profunda, que puede llevar a un coma inducido, dato superior al de otros países. En Holanda, en una encuesta de 2005, los médicos dijeron que la emplearon en el 8,5 por ciento de casos, y en Bélgica la cifra era del 8,3 en 2001. "Puede ser un motivo de inquietud si se interpreta como una eutanasia lenta, aunque habría que analizar bien el asunto".
Teresa Tate, presidenta del Comité de Ética del Consejo Nacional de Cuidados Paliativos, uno de los promotores del análisis, junto con Age Concern, Help the Hospices, Macmillan Cáncer Support, la MND Association, y la MS Society and Sue Ryder Care, dice que "unos 300.000 británicos de los que mueren cada año necesitarían cuidados paliativas pero no pueden acceder a ellos. Desarrollarlos debería ser una pieza clave en la sanidad de nuestro país".