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(El Pas, 31 de marzo de 2014).Suena una trompeta invisible. Las notas revolotean en el aire. El pblico escucha relajado, se re y aplaude. La msica sale de la garganta de Mara Villarino, voluntaria en el Hospital Centro de Cuidados Laguna. Esta clnica est especializada en la atencin de pacientes con enfermedades que ya no responden a tratamientos curativos, estn en el final de su vida. Medio millar de personas pasan anualmente por estas instalaciones para recibir, de manera profesional, los cuidados paliativos que exigen sus dolencias. Los prejuicios que se tienen sobre este tipo de asistencia desaparecen al cruzar las puertas del hospital. No acuden a esperar la muerte; vienen a vivir.

El centro recibe enfermos en fase avanzada, con complicaciones agudas y que ya no pueden ser tratados en la comodidad de su casa. Como Josefa, una anciana inquieta que no deja de sonrer. Lleva poco tiempo en la clnica, una semana, pero ya echa de menos su hogar. Villarino pasa por la habitacin de cada uno de los residentes para llamarles a la actuacin de magia que se celebra esa tarde. Cada viernes organizan una actividad diferente para que internos y familiares pasen un tiempo juntos y alejados de la dolencia. A Josefa la actividad que ms le gusta es la de los martes: cestera. "El monitor hace unas cosas preciosas... y qu manos!". Se le escapa una risita.

Una de las primeras caras que recibe a los nuevos residentes es Alonso Garca, psiclogo del centro. Los enfermos no solo llegan con necesidades mdicas fsicas, sino tambin emocionales. "Nuestra labor es que se centren en el presente, que disfruten el da a da. Siguen vivos", expone Garca. Al psiclogo no se le va la sonrisa en ningn momento. Insiste una y otra vez en concentrarse en el momento, en el cario y el amor que una persona puede dar y recibir hasta cuando ya no est mentalmente aqu, hasta su ltimo aliento.El trabajo de Garca se enmarca dentro del programa de Atencin Integral con Enfermedades Avanzadas de la Obra Social La Caixa, que en cinco aos ha atendido a ms de 9.000 enfermos madrileos y a 12.700 familiares. Cuando los parientes deciden llevar a su padre, mujer o hermano a un centro como el de Laguna suelen acudir con miedo, cierto sentimiento de culpa por "abandonar" a su ser querido. "Solo 24 horas despus de llegar, les cambia la cara", confiesa Garca. Los familiares habitualmente estn sometidos a un gran estrs por la situacin, una sobrecarga de la que muchas veces no son conscientes hasta que llegan al hospital. Los psiclogos se esfuerzan para que enfermos y parientes aprovechen el tiempo que les queda juntos.

Los psiclogos trabajan conjuntamente con los mdicos. Ambos buscan mitigar el dolor, solo que de orgenes diferentes. La doctora Raquel Puerta, especialista en cuidados paliativos, lo explica: "La enfermedad impacta en todas las dimensiones de la persona. Cmo perciben el malestar est ligado a su situacin anmica. La depresin puede potenciar el dolor fsico".

En esta situacin de fragilidad, muchos enfermos se dan por derrotados y no continan con sus relaciones sociales. "Estn cercanos a la muerte, pero, como todos, no saben si ser hoy, o en un mes... Pueden y deben ser felices", recalca la doctora. La idea es disfrutar de las personas queridas hasta el final.

Los ancianos recorren el pasillo empujando su silla de ruedas, ayudados por los voluntarios y cuidadores o acompaados por su familia. Es viernes y hay sesin de magia. Todo est preparado, as que Villarino toca una trompeta invisible. La actuacin comienza y la magia saca la sonrisa de los ancianos. Durante un par de horas no sern enfermos, solo sern personas.

Despus de la muerte de un ser querido

Mara Jos Aguilar estuvo con su marido Jos hasta el ltimo momento. A pesar de que podra no haber vuelto al centro, acude cada semana a recibir el apoyo de Garca. La atencin que estos hospitales prestan no se detiene una vez la persona ha fallecido, sino que prosiguen su labor durante el duelo. Aguilar todava est frgil. Sus grandes ojos azules se pierden en los recuerdos cada vez que menciona el nombre de su marido, pero mantiene la entereza. "Aqu encuentro paz y cario, el que me dieron desde el principio", Garca, a su lado, no le suelta la mano.

Aguilar recuerda el primer da que llegaron. Los nervios y tambin la sensacin de descanso poco despus. "Ya no tena que preocuparme de lavarlo, moverlo..., solo de quererlo". Los momentos que vivieron en la clnica fueron los ms difciles de su vida, pero no los rememora con angustia o con dolor, sino con apacibilidad. La tranquilidad se la da, tanto a ella como a su familia, el saber que tuvo "una muerte digna, lo que todo el mundo desea para su ser querido", en palabras de su hijo.

Aguilar se encierra en los ltimos das de Jos, en el fallecimiento, en lo que le echa de menos. Entonces Garca la interrumpe: "Ella es muy fuerte y ya est saliendo de todo ese dolor". Aguilar asiente con una media sonrisa. "Tengo que continuar. Tengo tres hijos y l es el cuarto", dice refirindose al psiclogo.

 
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