(El Mundo, 24 de noviembre de 2007)
Cada vez con mayor frecuencia,
oímos hablar en los medios de comunicación sobre suicidio asistido, eutanasia,
muerte digna...; y no pocas veces se advierte una notable confusión en quienes
utilizan esos términos. Esa confusión "contamina" después necesariamente las
encuestas que se hacen sobre estas cuestiones. Puede tener cierto interés, por
tanto, empezar clarificando algunos conceptos.
La
Asociación Médica Mundial, en 1987 definió la eutanasia como "
acto deliberado de dar fin a la vida de un
paciente". Más explícita y completa me parece la definición que dio la
Sociedad Española de Cuidados Paliativos en el año 2002: "
conducta (acción u omisión) intencionalmente dirigida a terminar con la
vida de una persona que tiene una enfermedad grave e irreversible, por razones
compasivas y en un contexto médico." ¿Cuál es la diferencia entre la eutanasia y el suicidio asistido? En
la eutanasia, es el médico -u otro sanitario dirigido por él- quien administra
la inyección letal que provoca la muerte del enfermo. En cambio, en el suicidio
asistido el paciente se causa a sí mismo la muerte, con la ayuda de alguien que
le proporciona los medios; si quien le ayuda es un médico, se habla de "suicidio
médicamente asistido". Es preferible evitar el término "eutanasia pasiva" pues
sólo crea confusión.
Interesa
aclarar que no son conductas eutanásicas las siguientes: 1. El respeto por
parte del médico al posible rechazo del paciente a unos tratamientos que éste considera
desproporcionados para su situación. 2. La conducta del médico que evita
aquellos tratamientos o pruebas diagnósticas que no considera indicados en un
paciente, y que le ocasionarían más molestias que beneficios: es lo que se
llama "limitación del esfuerzo terapéutico" (lo contrario sería caer en la
obstinación terapéutica o diagnóstica). 3. La administración -cuando sea
necesaria para el control del dolor o de otro síntoma molesto- de dosis
elevadas de fármacos, aunque pudieran acortar secundariamente la vida del
paciente. Una variante de esta actuación es la llamada "sedación paliativa".
Un documento de la Sociedad
Española de Cuidados Paliativos definía la "sedación paliativa" como
la administración deliberada de fármacos, en
las dosis y combinaciones requeridas, para reducir la consciencia de un
paciente con enfermedad avanzada o terminal, tanto como sea preciso para
aliviar adecuadamente uno o más síntomas refractarios y con su consentimiento
explícito, implícito o delegado. Evidentemente no hay que confundir la
sedación, éticamente aplicada, con la eutanasia. Como se explica en ese
documento, ambas difieren en el objetivo, la indicación, el procedimiento, el
resultado y el respeto a las garantías éticas. En la sedación, la intención es
aliviar el sufrimiento del paciente, el procedimiento es la administración de
un fármaco sedante y el resultado el alivio de ese sufrimiento; en cambio, en
la eutanasia la intención es provocar la muerte del paciente, el procedimiento
es la administración de un fármaco letal y el resultado la muerte.
No supone ningún problema
ético -sino que es un deber para el médico- proceder a la sedación de un
enfermo, con su consentimiento previo, cuando se llega a la conclusión de que
es el único recurso para controlar algún síntoma físico o psíquico de entidad
(p. ej., disnea, dolor, delirium o distrés emocional), que no responda a otros
tratamientos. Además de ponderar la dosis y el fármaco adecuados, conviene que el
médico reseñe en la historia clínica el motivo de la sedación, el modo en que
se ha explicado al enfermo y la manera en la que ha prestado su
consentimiento.
El
concepto de "muerte digna" está ya tan manido que no dice casi nada. En
cualquier caso, para la mayoría de las personas seguramente incluye las
siguientes condiciones: morir sin dolor u otros síntomas mal controlados, morir
a su tiempo natural sin que se acorte ni se prolongue de forma artificial el
proceso de la muerte, morir rodeado del cariño de la familia y los amigos, morir
con la posibilidad de haber sido informado adecuadamente, eligiendo -si se
puede- el lugar (domicilio u hospital) y participando en todas las decisiones
importantes que le afecten.
Una vez
aclarados esos conceptos, podemos ya adentrarnos en lo que supondría la posible
legalización de la eutanasia. En mi opinión, dicha medida sería una solución innecesaria y peligrosa para un
problema que todavía está pendiente de resolver en muchos lugares: el de las
personas que mueren en malas condiciones sin una atención médica adecuada y en
un ambiente deshumanizado. Me parece un dramático error plantearnos la
posibilidad de despenalizar la eutanasia cuando todavía hay muchos enfermos en
nuestro país que no tienen acceso real a unos Cuidados Paliativos de calidad.
Sugiero que -en este terreno- sigamos el ejemplo de Canadá: hace unos años, una enferma de ELA pidió la
eutanasia a la Corte Suprema; se estudió el asunto a fondo en el Senado y la
conclusión fue que no se debía debatir sobre la eutanasia hasta que todos los
canadienses tuvieran acceso a unos buenos Cuidados Paliativos.
Cuando
se plantea la posibilidad de legalizar la eutanasia, se insiste en que será
sólo para casos extremos y tomando medidas para evitar posibles abusos. La
experiencia, sin embargo, demuestra que si se admite la eutanasia para casos excepcionales,
poco a poco se va aplicando también en casos no tan extremos. Así en Holanda la
justicia se ha ido haciendo cada vez más permisiva con casos que no cumplen los
requisitos legales. Veamos sólo algunos ejemplos: en 1994 el Tribunal Supremo no
penalizó al Dr. Chabot, que ayudó a suicidarse a una mujer sana pero
desesperada porque sus dos únicos hijos acababan de fallecer; en 1996 una
médico facilitó la bebida letal a un paciente de 71 años sin ninguna enfermedad
importante, y el fiscal no consideró necesario procesarla; en el año 2002 el
Tribunal Supremo holandés no puso ninguna pena al médico que practicó la
eutanasia a Edward Brongersma, que -con 86 años pero físicamente sano- la
solicitó alegando "no tener ganas de vivir"... Aunque la ley
holandesa no permitía inicialmente la eutanasia de menores de 12 años, en noviembre
de 2005 se aprobó la eutanasia para niños de cualquier edad.
En los cuatro
estudios oficiales que se han ido publicando sobre la práctica de la eutanasia
en Holanda, se cuentan cada año por centenares los casos de eutanasias
efectuadas por los médicos sin que hubieran sido solicitadas por los enfermos. Los
médicos las justifican con razones como "baja calidad de vida", "facilitar la
situación a la familia", "acortar los sufrimientos del paciente" o "poner fin a
un espectáculo insoportable para médicos y enfermeras". En 1997 una prestigiosa
revista médica (JAMA) publicó el caso de una paciente holandesa con cáncer de
mama a la que su médico aplicó la eutanasia sin su consentimiento, alegando que
todavía podría haber vivido una semana más y él necesitaba esa cama libre...
En una carta de un grupo de minusválidos
holandeses de Amersfoort se decía: "
sentimos
que nuestras vidas están amenazadas... Nos damos cuenta de que suponemos un gasto
muy grande para la comunidad... Mucha gente piensa que somos inútiles... Nos damos
cuenta a menudo de que se nos intenta convencer para que deseemos la muerte".
A este peligro se refirió el 18.V.01 en el parlamento alemán el entonces
Presidente Federal Johannes Rau: "
cuando
el seguir viviendo sólo es una de dos opciones legales, todo aquel que imponga
a otros la carga de su supervivencia estará obligado a rendir cuentas, a
justificarse." Por otra parte, numerosos estudios demuestran que en estos
pacientes graves hay una alta incidencia de depresión, que en la mayoría de los
casos no es diagnosticada ni tratada adecuadamente.
También nos
puede hacer reflexionar lo que escribía hace unos años un enfermo de Esclerosis
Múltiple en el National Post de Toronto: "
si
una persona sana presenta tendencias suicidas, recibe ayuda e incluso se la somete a un tratamiento
psiquiátrico hasta que pase la crisis. (...) Pero si es un enfermo incurable o
un discapacitado, la discusión gira automáticamente en torno a expresiones como
‘muerte digna', ‘libertad de elegir la propia muerte' o ‘acto de autonomía y
autodeterminación'. ¿Por qué esa diferencia?" Aunque parezca lo contrario, en la eutanasia
la decisión definitiva no la toma el paciente sino el médico, que es quien juzga
sobre la calidad de vida del enfermo y, por tanto, sobre si su petición es
"razonable" o no.
Algunos
argumentan que la eutanasia es un derecho de la autonomía individual, que no
afecta a otras personas. En mi opinión, pierden de vista su incidencia en la
protección del bien común. A diferencia del suicidio, en la eutanasia interviene necesariamente una
tercera persona, que además es un médico. Legalizar la eutanasia significa
reconocer a una persona (el médico) el derecho a disponer de la vida de otra
persona (el enfermo que se la pide). Esto tiene unas consecuencias evidentes:
una sociedad en la que los médicos no sólo curan y alivian sino que también
matan, es una sociedad menos humana (y, desde luego, menos segura para muchos
enfermos). Sería un cambio
de unas consecuencias incalculables pues modificaría la regla más básica de una
sociedad civilizada: no matarnos unos a otros.
Quienes tenemos larga experiencia en la atención de enfermos con
cáncer sabemos que muchas peticiones de eutanasia son un gesto,
una llamada, una petición de ayuda por la soledad, el miedo, la desatención, el
dolor mal controlado, la falta de cariño o de compañía... Por eso suelo repetir
que cuando un paciente dice "
Doctor, no
quiero vivir...", se trata de una frase inacabada cuya versión completa es:
"
Doctor, no quiero vivir... así". Ahí,
en cambiar ese "
así" es donde tienen
su papel fundamental los Cuidados Paliativos.Y ahí es donde una sociedad
verdaderamente solidaria debe centrar sus esfuerzos para ayudar a morir con
dignidad a quien está llegando al final de su vida: cuidándolo de tal manera
que no le quepa la menor duda de que, aunque esté muy deteriorado por la
enfermedad que padece, no ha perdido ni un ápice de su dignidad.
A ese empeño
dedicó su vida Cicely Saunders -la pionera de los Cuidados Paliativos- y con
unas palabras suyas quiero acabar este artículo: "
Tú importas porque eres tú, y tú importas hasta el último momento de tu
vida. Nosotros haremos todo lo que podamos, no sólo para ayudarte a morir
apaciblemente, sino también para ayudarte a vivir hasta que mueras". Esto
es mucho más digno para todos.
Manuel González Barón.
Jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario La
Paz.
Director de la Cátedra de Oncología Médica y Medicina Paliativa de la
Universidad Autónoma de Madrid.